El filósofo Charles Taylor
sostiene que hay tres males en la modernidad: uno, el individualismo, dos, la
primacía de la razón instrumental que aspira a mejorar la productividad en todo
momento, y tres, la dictadura blanda paternalista de las burocracias. Pues
bien, el noruego Mads Larsen propone una solución para el
problema demográfico que ahonda aún más en estos tres males.
A
continuación podemos leer la entrevista que el periódico el confidencial hace a
Mads Larsen.
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"¿De España, eh? ¿Cuál es vuestra tasa de
fecundidad, 1,1 hijos por mujer, verdad? Eso quiere decir que dentro de tres
generaciones tendréis un 85% menos de personas. Os estáis suicidando".
A Mads Larsen, psicólogo de la
Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, le preocupa mucho la natalidad. No
tiene duda: o hacemos algo o el apocalipsis demográfico acecha a la vuelta de
la esquina. Su último trabajo, coescrito con Leif Edward Ottesen Kennair y Maryanne
L. Fisher y publicado en Politics and the Life Sciences, de Cambridge
University Press, lleva menos de una semana publicado y ya ha llegado al debate
público de países como España. Sabe que su propuesta es provocadora, impopular
y controvertida. Le da igual, porque cuenta con un argumento de peso de su
lado: ninguna de las medidas para fomentar la natalidad que se han implementado
durante las últimas décadas ha funcionado y, aun así, los políticos siguen
creyendo en ellas. Tal vez sea momento de poner sobre la mesa un plan de
choque. Aquí entra la propuesta de Larsen y sus colegas: la reproducción
individualista. La lógica es la siguiente. El problema al que se enfrentan las
sociedades occidentales no es solo que las parejas no puedan o no quieran tener
hijos sino que, simplemente, no hay suficientes parejas. Aquí es donde queda
claro que el noruego viene de la escuela evolucionista: “Ahora las mujeres son
libres para elegir la pareja que quieren, son económicamente independientes y
tienen acceso a anticonceptivos eficientes, así que no van a hacer lo que se
les obligó a hacer durante los últimos 800 años, que es distribuirse de forma
equitativa entre los hombres”, explica a El Confidencial a través de
videollamada. "El Estado garantizaría recursos a las mujeres para que
tengan hijos ellas solas" Malas noticias para los hombres: la mayoría de
ellos, como se ha recordado con frecuencia durante los últimos años, se van a
quedar solteros. La propuesta de Larsen pasa por olvidarse de la pareja
heterosexual como el único modelo reproductivo posible y que el Estado invierta
una gran cantidad de recursos en las mujeres que quieran ser madres. De ahí lo
de “individualista”. Ya decidirán ellas si quieren ser madres solteras, si
quieren tener una pareja (o muchas), pero la única forma de darle la vuelta al
apocalipsis demográfico es subvencionar la maternidad sin padre de por medio.
“Si queremos incrementar la fertilidad, tenemos que desarrollar una nueva forma
de asistencia social que consiga que las mujeres se sientan lo suficientemente
seguras para ser madres por su cuenta, aunque no tengan pareja o aunque estén
en una relación inestable que tal vez no dure”, explica. “En esta sociedad, el
Estado ofrece a las mujeres los recursos económicos y sociales necesarios para
que consideren que tener hijos ellas solas les garantiza una vida mejor que
estar soltera y sin hijos”.
Vale: pero, ¿qué es una vida mejor? “Eso es cosa suya”,
prosigue. “Tienen que ser ellas quienes decidan si quieren trabajar a tiempo
completo, a tiempo parcial o no trabajar mientras crían a sus hijos”. La gran
pregunta es qué clase de incentivos e inversiones serían necesarios para alcanzar
ese escenario que, según los cálculos del psicólogo, pueden llegar a ponerse en
marcha alrededor de 2040. No es solo apoyo económico, sino también la creación de entornos donde estas
mujeres pudiesen acceder 24 horas a guarderías o convivir con otras
madres (y padres) solteros.
'El cuento de la criada' a la inversa.
La propuesta de Larsen es una particular mezcla de evolucionismo, feminismo y
keynesianismo natalista que probablemente resulte difícil de entender fuera del
mundo escandinavo. Tiene claro que volver a ese modelo tradicional de familia que suele proponer la extrema
derecha no es posible ni deseable. “Noruega no se va a convertir en El
cuento de la criada”, asegura. “Pero también sé que si no hacemos nada, todos
los países con mujeres emancipadas desaparecerán tarde o temprano, y eso
significará que el proyecto feminista ha fracasado”. "Los hombres
sufrirán. Se les marginará. Probablemente se radicalicen políticamente" Su
propuesta es la opuesta a la novela de Margaret Atwood: las mujeres no son
esclavas sino que dispondrían de los suficientes recursos para vivir su
maternidad según decidiesen.
Otra duda razonable: ¿eso no las convertiría de
alguna forma en dependientes de las decisiones de los partidos políticos, que
tal vez en un momento dado podrían retirar su apoyo a estos programas?
Larsen recuerda que en Noruega ya ocurre algo parecido, y nadie se plantea
cambiarlo. “En Noruega, los hombres aportan más al Estado de bienestar de lo
que reciben, mientras que las mujeres reciben 1,2 millones de dólares más de lo
que pagan”, explica. “Así que los estados del bienestar nórdicos ya están
orientados a ayudar a las mujeres para que puedan tener una buena vida e
hijos”.
Un escenario distópico
El título del trabajo publicado hace unos días no toma prisioneros: Hacia la
reproducción individualista: resolver la crisis de fertilidad podría requerir
una mayor marginación de los hombres. El propio Larsen no duda en pronunciar en
voz alta la palabra “distópico” cuando se le pide que describa cómo sería una
sociedad donde el mayor número de mujeres optasen por esta reproducción
individualista. Sobre todo, en lo que concierne a los hombres.
“Cada vez más varones de un menor
valor están siendo excluidos de la vida en pareja”, recuerda el psicólogo
evolucionista. “Se les está excluyendo de la intimidad, del amor, de la
paternidad, de la vida en familia, y esto incrementaría esta marginación
masculina, lo que sería una de las externalidades negativas”. ¿Qué hacemos con ellos,
entonces? Larsen piensa durante unos segundos antes de afirmar
tajantemente: “Sufrirán. Se les marginará. Probablemente se radicalicen aún más
políticamente. Es un problema importante”. En su propuesta, no todo el mundo
saldrá bien parado. Pero la alternativa es la extinción. El problema es que
incluso sin esta reproducción individualista, muchos hombres ya están
excluidos. No cambiaría nada, tan solo aceleraría esos cambios. “Los hombres ya
están pagando el coste por la existencia de mujeres libres”, recuerda. “Los
hombres en lo bajo de la jerarquía ya no son lo suficientemente buenos para
ellas. La alternativa no puede ser que estas mujeres empiecen a emparejarse con
hombres de un menor valor como parejas”. "Las mujeres pueden elegir, no
van a 'redistribuirse' entre los hombres porque sí" Aquí conviene realizar
una pequeña síntesis histórica que Larsen y sus colegas detallan en profundidad
en su trabajo. Durante siglos, fórmulas como los matrimonios concertados tenían
como objetivo forzar un reparto más o menos equitativo de mujeres entre la
población masculina. El sistema monógamo que durante siglos ha estado vigente
era una forma de conseguir que a cada varón le correspondiese, al menos, una
esposa, y que eso garantizase tasas elevadas de reproducción. La emancipación
de la mujer, el principal factor que explica el descenso de la natalidad de las
últimas décadas, ha provocado que eso no solo no sea posible, sino que ya no
haya vuelta atrás. “Ahora que las mujeres pueden elegir y no necesitan a los
hombres para ser madres y pueden mantener relaciones sexuales sin quedarse
embarazadas, no van a ‘distribuirse’ voluntariamente entre los hombres, la
psicología femenina no funciona así”, recuerda. En Noruega, alrededor de la
mitad de mujeres en edad fértil (entre 20 y 34 años) no tienen pareja. ¿No es posible que ellos también
se beneficien de esta reproducción individualista? Aquí es donde
Larsen empieza a sonar utópico, incluso cyberpunk. Quizá para 2040 podamos
disponer de niñeras robóticas o vientres artificiales que permitan que los
hombres también puedan ser padres solteros, lo que garantizaría que tuviesen
las mismas oportunidades reproductivas.
El psicólogo lo tiene claro: poco a poco vamos a ver cómo distintos
experimentos plantean soluciones semejantes. Pero ¿qué clase de experimento podría llevarse a cabo con
la reproducción individualista? ¿Cómo se llevaría a cabo?
“Proponemos construir un complejo de apartamentos optimizados para las
necesidades de las madres solteras y sus hijos”, detalla. “Habría algún tipo de
proceso de admisión para aquellos que quisieran ser padres solos. También
podrían ser hombres, que por supuesto es mucho más difícil porque no tienen
útero”, detalla. “Veríamos qué tipo de recursos necesitan, cómo las afecta,
cómo afecta a sus relaciones y a los nacimientos, y obtendríamos información
para que dentro de década y media tuviésemos un modelo que motive a las
suficientes mujeres para hacerlo”.
Si algo no funciona, no hagas lo mismo otra vez
¿Cuál ha sido la
reacción al paper? ¿Qué respuestas suele recibir Larsen cuando expone sus
propuestas? “Oh, todo el mundo se opone. Pero es bastante común
cuando trabajas sobre temas de natalidad”. "Como la derecha se preocupa
por la natalidad, hacerlo te convierte en un fascista" El psicólogo expone
los razonamientos que suele recibir en estos casos. El primero es negar que la
baja natalidad sea un problema: “Si hay menos gente, asumimos que es bueno para
el medio ambiente”. Además, la natalidad sigue siendo elevada en África. “Si
los europeos desaparecen, no es un problema porque aún habrá nacimientos en África”.
El segundo es que “solo la gente de derecha se preocupa por la natalidad, así
que hacerlo te convierte casi en un fascista”. El tercero, ser acusado de
racista porque da igual mientras siga habiendo africanos. “Y ahora, con esta
propuesta la respuesta habitual es que los niños necesitan dos padres, así que
facilitar la paternidad en solitario sería malo para los niños”, explica.
“Todas esas preocupaciones son comprensibles, pero nos estamos asomando al
abismo y nada de lo que hemos probado por ahora está funcionando”. Así que
prefiere seguir la máxima de “si haces algo una y otra vez y no funciona, haz
algo diferente”.
¿Ha hablado con alguno de los políticos de su país?
“Sí”. ¿Alguno de ellos
está interesado en lo que propone? “No, por ahora no”. Un comité
noruego acaba de terminar su trabajo para abordar la caída de la natalidad,
explica, y es el momento de que los políticos tomen decisiones. Lo que se ha
encontrado Larsen por el momento es un cierto negacionismo a la hora de
entender este descenso de natalidad como un problema. “He hablado con ellos
personalmente y saben lo que significan estos números, pero no quieren hablar
en público de la envergadura de este problema porque tienen miedo de que afecte
negativamente a las libertades de las mujeres y que se produzca una reacción
antifeminista”, prosigue. Además, añade, sus propuestas son “ridículas”.
Pequeños cambios que no llevan a ningún sitio: “Que si las mujeres embarazadas
deberían tener facilidades para ir al médico, que si deberíamos darle 200
dólares más cada mes a las veinteañeras que están estudiando, propuestas
microscópicas que no van a disparar nuestros datos de natalidad”, prosigue. “Si
no hacemos algo, sé con certeza matemática que nos extinguiremos, así que es
hora de empezar a hacer pruebas con medidas políticas que puedan tener un
efecto positivo”. "Si todos los países empiezan a probar soluciones, alguno
encontrará alguna solución" Es su mensaje final hacia las autoridades
españolas, uno de los países donde más rápido ha descendido la natalidad. Ya
que se trata de un tema muy idiosincrático –como recuerda Larsen, Israel es una
excepción imposible de imitar–, cada país puede llegar a sus propias
soluciones. “Animaría a que España discutiese en serio sobre este tema”,
concluye. “Tenéis vuestro propio legado cultural, no podéis copiar soluciones
de los demás: si todos los países empiezan a realizar distintos experimentos,
puede ser que alguno se tope con algo que funcione”.
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