domingo, 27 de septiembre de 2026

Documental Carl Sagan: El paso del mito al logos


 

Unboxing Philosophy: Platón (3 vídeos)

 







Unboxing Philosophy: El origen de la Filosofía

 


TEXTO PLATÓN para PAU: Libro VII de La República

República LIBRO VII, 514a-517c; 518b-520a; 532a-535a.

1

 —A continuación —proseguí— compara con la siguiente escena el estado de nuestra naturaleza con relación a la educación o a su carencia. Imagina, pues, una especie de vivienda subterránea en forma de caverna, con una amplia entrada, abierta a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna; y a unos hombres que están en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello, de tal manera que se vean obligados a permanecer en el mismo lugar y a mirar únicamente hacia adelante, siendo incapaces de volver la cabeza a causa de las ligaduras. Detrás de ellos, la luz de un fuego encendido a cierta distancia y en una elevación del terreno; y entre el fuego y los encadenados, un camino elevado, a lo largo del cual imagina que ha sido construido un tabique semejante a las mamparas que se levantan entre los prestidigitadores y el público, por encima de las cuales exhiben aquellos sus prodigios.

—Ya lo veo, dijo.

2

—Pues bien, ve ahora a lo largo de ese tabique, unos hombres que transportan toda clase de objetos, que aparecen por encima del muro, y las figuras de hombres o animales, labradas en piedra, en madera y en toda clase de materiales; y entre estos portadores, naturalmente, unos irán hablando y otros en silencio.

 —Qué extraña escena describes —dijo— y qué extraños prisioneros!

—Iguales que nosotros, respondí. Porque, en primer lugar, ¿crees que quienes están en tal situación han visto de sí mismos o de sus compañeros otra visión distinta de las sombras proyectadas por el fuego sobre la pared de la caverna que está frente a ellos?

—¿Cómo, dijo, si durante toda su vida han sido obligados a mantener la cabeza inmóvil? —¿Y de los objetos transportados? ¿No habrán visto 10 mismo?

—Sin duda.

—Y si pudieran hablar entre ellos, ¿no crees que al nombrar las sombras que ven pasar ante ellos pensarían nombrar las cosas mismas?

—Necesariamente.

—Y si la prisión tuviese un eco que viniera de la pared de enfrente, ¿piensas que, cada vez que hablara alguno de los que pasaban, no creerían ellos que hablaba la sombra que veían pasar?

—Por Zeus, dijo, yo mismo no pensaría otra cosa.

—Entonces es indudable, dije yo, que tales prisioneros no juzgarán real otra cosa más que las sombras de los objetos fabricados.

—Es inevitable, dijo

3

 —Considera ahora, dije, lo que sucedería si fuesen liberados de sus cadenas y curados de su error, y si de acuerdo con su naturaleza, les ocurriese lo siguiente. Cuando uno de ellos fuera desatado y obligado a ponerse en pie de repente y a volver la cabeza y a caminar y a mirar hacia la luz y, cuando al hacer todo esto sintiera dolor, y, a causa de los destellos, no pudiera distinguir los objetos cuyas sombras veía antes, ¿qué crees que respondería si le dijera alguien que hasta entonces sólo había con- templado sombras vanas y que es ahora cuando, hallándose más cerca de la realidad y vueltos los ojos hacia los objetos más reales, ve con más rectitud, y si, por último, mostrándosele los objetos a medida que pasan, le obligara a responder a la pregunta de qué es cada uno de ellos? ¿No crees que se hallaría perplejo y que juzgaría más verdadero lo que había visto hasta ahora que lo que ahora se le muestra?

—Mucho más, dijo.        

4

—Y, si se le obligara a mirar la luz misma, ¿no crees que le dolerían los ojos y que huiría de allí para volverse hacia aquellos objetos que es capaz de contemplar y que juzgaría más claros que los que ahora se le muestran?

Así es, dijo.

—Y si, proseguí, lo arrancaran de allí por la fuerza y lo obligaran a recorrer la áspera y escarpada subida y no lo dejaran hasta haberle arrastrado a la luz del sol, ¿no crees que sufriría y se irritaría por ser así arrastrado, y que, cuando llegase a la luz, tendría los ojos tan llenos de su resplandor que no sería capaz de ver ni una sola de las cosas que ahora llamamos verdaderas?

 —No podría, dijo, al menos los primeros instantes.

—Necesitaría efectivamente acostumbrarse, creo yo, para llegar a ver las cosas de arriba. Lo que vería más fácilmente serían en primer lugar las sombras; después las imágenes de los hombres y de los demás objetos reflejados en las aguas y, finalmente, los objetos mismos. Después de esto, podría más fácilmente contemplar de noche los cuerpos celestes, el cielo mismo, fijando su mirada en la luz de las estrellas y la Luna, que de día el Sol y su resplandor.

—¿Cómo no?

—Finalmente, creo, sería capaz de contemplar el Sol, ya no sus imágenes reflejadas en las aguas o en algún otro medio ajeno a él, sino el propio Sol en su misma región y tal cual es en sí mismo.

—Necesariamente, dijo.

 

5

—Y después de esto, podría deducir respecto al Sol que es él quien produce 5 las estaciones y los años y gobierna todo lo de la región visible y es, en cierto modo, el autor de todo aquello que él y sus compañeros veían en la caverna.

—Es evidente, dijo, que después de ello llegaría a esta conclusión.

6

—Y, al acordarse de su primera habitación y de la sabiduría de allí y de sus 6 antiguos compañeros de cautiverio, ¿no crees que se sentiría feliz por su cambio y tendría lástima de aquellos?

—Ciertamente.

—Y si en su vida anterior hubiese habido honores y alabanzas de unos a otros y recompensas para aquel que tuviera la vista más penetrante para discernir las sombras que pasaban, que recordara mejor cuáles de entre ellas solían pasar primero, cuáles después o al mismo tiempo, siendo por ello el más hábil en pronosticar lo que iba a suceder, ¿crees que aquel sentiría nostalgia de tales distinciones o que envidiaría a los que recibían honores y poder entre aquellos?; ¿no crees más bien que le sucedería lo que dice Homero, es decir, que preferiría decididamente «trabajar la tierra al servicio de un pobre labrador» y sufrir cualquier mal antes que volver a vivir en aquel mundo de lo opinable?

—Creo —respondió— que preferiría sufrirlo todo antes de vivir de aquel modo.

7

— Ahora ­continué - considera lo siguiente: si este hombre volviera allá abajo y ocupase de nuevo el mismo asiento, ¿no crees que se le llenarían los ojos de tinieblas al dejar súbitamente la luz del sol?

 —Ciertamente, dijo.

 —Y si, mientras su vista está todavía confusa, pues necesitaría largo tiempo para acostumbrarse de nuevo, tuviese que opinar sobre aquellas sombras y discutir acerca de ellas con los compañeros que permanecieron constantemente encadena- dos, ¿no les daría que reír? y ¿no dirían de él que, por haber subido arriba, ha perdido la vista y que no vale la pena ni siquiera intentar la subida? Y a quien pretendiera desatarlos y hacerles subir, ¿no lo matarían si pudiesen echarle mano y matarlo?

—Sin duda, dijo.

8

—Pues bien, querido Glaucón —proseguí—, esta imagen debemos aplicarla enteramente a lo que antes se dijo. EI mundo que aparece a nuestra vista es comparable a la caverna subterránea, y la luz del fuego que hay en ella al poder del Sol. En cuanto a la subida al mundo de arriba y a la contemplación de las cosas de él, si las comparas con la ascensión del alma al mundo inteligible no errarás respecto a mi conjetura, ya que deseas conocerla. Sólo Dios sabe si por ventura es verdadera. Lo que a mí me parece es lo siguiente: en el límite extremo del mundo inteligible está la idea del bien, que percibimos con dificultad, pero, una vez contemplada, es necesario concluir que ella es la causa de todo lo recto y bello que existe; que, mientras en el mundo visible ha engendrado la luz y al soberano de ella, en el mundo inteligible es ella misma la soberana y dispensadora de la verdad y de la inteligencia, y que es necesario que la vea bien quien quiera conducirse sabiamente tanto en la vida priva- da como en la pública.

—También yo estoy de acuerdo en esto, dijo, en la medida de mi capacidad...

9

—Por tanto —dije——, si todo esto es verdad, hemos de deducir de ello la siguiente conclusión: que la educación no es tal cual la proclaman quienes hacen profesión de enseñarla, Dicen ellos, en efecto, que pueden hacer entrar la ciencia en el alma que no la posee, como si infundieran la vista a unos ojos ciegos.

—Así lo afirman efectivamente, dijo,

—Nuestro diálogo muestra, por el contrario —proseguí—, que en el alma de cada uno existe la facultad y el órgano con el que cada uno aprende y que, del mismo modo que el ojo es incapaz de volverse de las tinieblas a la luz, sino en compañía del cuerpo entero, así también aquel órgano, y con él el alma entera, apartándose de lo que llega a ser, debe volverse hasta que sea capaz de sostener la contemplación del ser y de lo que es más luminoso en el ser, que es lo que llamamos bien, ¿no es eso?

—Sí.

—Por consiguiente —dije—, debe haber un arte de la conversión, es decir, de la manera más fácil y eficaz para que este órgano se vuelva; pero no de infundirle la vista que ya tiene, sino de procurar que se oriente lo que no está vuelto hacia la dirección correcta ni mira hacia donde es preciso.

Así parece, dijo.

10

 —Así, pues, las demás virtudes, las llamadas virtudes del alma, es muy posible que sean bastante semejantes a las del cuerpo, ya que, aun careciendo en un principio de ellas, pueden ser producidas más tarde por el hábito y el ejercicio. La virtud del conocimiento, por el contrario, parece depender de algo más divino que jamás pierde su poder y que, según a donde se vuelva, resulta útil y provechoso o, por el contrario, inútil y nocivo. ¿O no has observado, respecto de aquellos de los que se dice que son malvados pero inteligentes, con qué penetración percibe su alma miserable y con qué agudeza distingue aquello hacia lo cual se vuelve, porque no tiene mala vista, sino que está obligada a ponerla al servicio de la maldad, de manera que cuanto mayor sea la agudeza de su mirada, tanto mayores serán los males que cometa?

—Así es en efecto, dijo.

 —Pero si desde la infancia —continué— se hubieran extirpado de tal naturaleza esas excrecencias, por así decirlo, plúmbeas, emparentadas con la generación y que, adheridas por la gula, los placeres y otros apetitos semejantes, arrastran hacia abajo la visión del alma; si, libre de ellas, se volviera hacia lo verdadero, aquella misma alma de los mismos hombres lo vería también con la mayor agudeza, lo mismo que ve ahora aquellas cosas hacia las que está vuelta.

—Es natural, dijo.

11

—¿Y qué? ¿No es también natural —dije—, y se deduce necesariamente de lo dicho, que las gentes sin educación y sin experiencia de la verdad jamás serán aptas para gobernar una ciudad, ni tampoco aquellos a quienes se permita permanecer investigando hasta el fin de su vida; los unos porque no tienen en la vida ningún objetivo al que apunten todas sus acciones tanto privadas como públicas, y los otros porque no consentirán en actuar, considerándose ya en esta vida moradores de las islas de los bienaventurados?

—Es verdad, dijo.

—Es, pues, tarea nuestra, dije, de los fundadores de la república, obligar a las mejores naturalezas a que alcancen el conocimiento que afirmamos era el más excelente: ver el bien y ascender por aquella subida y después que, habiendo subido, hayan visto adecuadamente, no permitirles lo que ahora se les permite.

—¿Y qué es?

—Que permanezcan allí —respondí--— y no consientan en bajar de nuevo junto a aquellos prisioneros ni en participar con ellos en sus trabajos ni en sus honores, sean estos más despreciables o más estimables.

—En ese caso, dijo, ¿no seremos injustos con ellos y les haremos vivir peor, cuando podrían vivir mejor?

12

—Vuelves a olvidar, querido amigo —dije—, que a la ley no le interesa que haya en la ciudad una clase que disfrute de una situación privilegiada, sino que procura el bienestar de la ciudad entera, introduciendo la armonía entre los ciudadanos por la persuasión o por la fuerza y haciendo que se presten los unos a los otros los servicios que cada cual es capaz de aportar a la comunidad. La misma ley forma en la ciudad hombres de tal naturaleza, no para permitirles que cada uno se vuelva cuando le plazca, sino para servirse ella misma de ellos con el fin de alcanzar la cohesión de la ciudad

—Es verdad, dijo. Me olvidé de ello.

13

—Entonces, Glaucón, ¿no será esta precisamente la melodía que la dialéctica ejecuta? La cual, aun perteneciendo a lo inteligible, es imitada por la facultad de la vista, de la que hemos dicho antes que se esfuerza primero en contemplar los anima- les, luego los astros mismos y, por último, el propio Sol. Del mismo modo, cuando uno, mediante la dialéctica y sin ninguno de los sentidos, sino con ayuda de la razón, intenta lanzarse a lo que cada cosa es en sí y no desiste hasta haber alcanzado, con la sola inteligencia, lo que es el bien en sí mismo, llega con ello al término de lo inteligible, como aquel otro (de nuestra alegoría) llegó entonces al de lo sensible.

—Absolutamente, dijo.

—¿Y qué? ¿No es este viaje al que denominas dialéctica?

—Ciertamente.

—Y la liberación de las cadenas, dije, y la conversión de las sombras a las imágenes y a la luz y el ascenso de la caverna hacia el Sol y la impotencia, al llegar allí, de mirar aún los animales, las plantas y la luz del sol, sino únicamente los reflejos divinos en las aguas y las sombras de los objetos reales, aunque no las sombras de las imágenes proyectadas por otra luz que, comparada con el Sol, es semejante a ellas, he ahí el poder que posee el estudio de las ciencias que hemos enumerado, el cual eleva la mejor parte del alma hacia la contemplación del mejor de los seres, del mismo modo que antes elevaba el más perspicaz de los órganos del cuerpo a la contemplación de lo más luminoso en el mundo corporal y visible.

14

—Así lo admito, dijo. Sin embargo, me parecen cosas difíciles de admitir, aunque también difíciles de rechazar. Sea como fuere (puesto que no será esta la única ocasión en que las oigamos, sino que hemos de volver sobre ella muchas veces), admitiendo ahora que sea como dices, vayamos a la melodía misma y analicémosla como lo hemos hecho con el preludio. Dinos, pues, de qué naturaleza es la facultad dialéctica, en cuántas especies se divide y por qué caminos se llega a ella, ya que, según parece, ellos nos conducirán a donde, una vez que lleguemos, alcanzaremos el descanso del camino y el fin del viaje.

 —Pero no serás capaz de acompañarme hasta allí, querido Glaucón —repliqué—, aunque, por lo que a mí respecta, no me faltaría buena voluntad. No verías entonces la imagen del bien, sino el verdadero bien en sí mismo, al menos como a mí me parece. Si es así o no, no vale la pena ahora insistir en ello, pero sí ha de afirmarse que es necesario contemplar algo semejante. ¿No es así?

—Sin duda. —

¿Y no es también cierto que la facultad dialéctica será la única que lo revelará a quien sea experto en las ciencias que hemos enumerado, siendo imposible de otro modo?

—También sobre esto, dijo, merece la pena insistir.

15

—Al menos en esto, dije, nadie podrá contradecirnos: en que no hay otro método que intente, por este camino y en cualquier materia, llegar a la esencia de cada cosa. Las demás artes, en efecto, se ocupan de las opiniones y deseos de los hombres, o se han desarrollado teniendo como objeto la producción, la fabricación o el mantenimiento de los productos naturales o artificiales. En cuanto a las restantes, de las que hemos dicho que comprenden algo del ser, como la geometría y las que la acompañan, vemos cómo sueñan acerca del ser, pero son incapaces de verlo con una visión de estado de vigilia, mientras utilicen hipótesis que dejen intactas, por no poder dar razón de ellas. En efecto, cuando se toma como principio lo que no se conoce y la conclusión y las proposiciones intermedias se entrelazan entre sí a partir de lo desconocido, ¿qué posibilidad existe de que el asentimiento a tal razona- miento pueda convertirse alguna vez en ciencia?

—Ninguna, respondió.

16

 —Así pues, dije yo, el método dialéctico es el único que, haciendo desaparecer las hipótesis, avanza hasta el principio mismo para establecerlo sólidamente y sacando suavemente el ojo del alma del bárbaro lodazal en que estaba hundido, lo eleva hacia lo alto, sirviéndose, como de auxiliares y cooperadores en esta conversión, de las artes que hemos enumerado. Muchas veces las hemos llamado ciencias, para acomodarnos al uso; pero habría que darles otro nombre cuyo significado implicara más claridad que la opinión y más oscuridad que la ciencia. En algún momento de nuestro diálogo hemos utilizado el término de «inteligencia discursiva»; pero no me parece que debamos discutir sobre los nombres cuando tenemos ante nosotros realidades tan importantes que debemos examinar.

 —No, ciertamente, dijo; sería suficiente un solo nombre que mostrase con claridad lo que pensamos.

17

 —Me parece adecuado, dije, seguir llamando, como antes, ciencia al primer modo de conocimiento, inteligencia discursiva al segundo, creencia al tercero y conjetura al cuarto. Comprendemos los dos últimos bajo el nombre de opinión y los dos primeros bajo el de intelección, siendo el objeto de la opinión el devenir y el de la intelección la esencia. Y lo que es la esencia con relación al devenir, lo es la intelección respecto a la opinión; y lo que es la intelección con relación a la opinión lo es la ciencia respecto a la creencia y la inteligencia discursiva respecto a la conjetura. Dejemos, sin embargo, la analogía y la división de los objetos de cada uno de los ámbitos, de la opinión y de la intelección, para no precipitarnos en discursos mucho más largos que los que hemos mantenido.

—Estoy de acuerdo contigo, dijo, en la medida en que soy capaz de seguirte.

18

—¿Llamas también dialéctico al que comprende la razón de la esencia de cada cosa? Y del que no lo hace, ¿no dirás que tiene tanta menor inteligencia de una cosa cuanto más incapaz sea de dar razón de ella a sí mismo y a los demás?

—¿Cómo no lo diría?, respondió.

—Pues lo mismo ocurre con el bien. El que no pueda definir con la razón la idea del bien, distinguiéndola de todas las demás, y sea incapaz de abrirse paso, como en un combate, a través de todas la objeciones, aplicándose a fundamentar sus pruebas, no en la apariencia sino en la esencia, superando todos los obstáculos mediante una lógica infalible, no dirás que este hombre conoce el bien en sí, ni ningún bien, sino que, si por casualidad alcanza alguna imagen del bien, la alcanzará por la opinión y no por la ciencia y dirás que su vida presente la pasa en un profundo sueño y letargo, del que no despertará en este mundo antes de haber bajado al Hades para dormir allí un sueño perfecto.

—¡Por Zeus!, dijo, sin duda diré todo eso rigurosamente.

19

—Y si un día tuvieras que educar en la práctica a esos niños que ahora educas en teoría, no permitirás, creo, que siendo gobernantes de la ciudad y árbitros de sus decisiones, carezcan de razón como las líneas irracionales.

—Ciertamente no, dijo.

—Les ordenarás, por el contrario, que se apliquen sobre todo al estudio de esta ciencia que les hará más competentes en el preguntar y en el responder.

—Lo ordenaré, dijo, de acuerdo contigo.

—Y, entonces, ¿no crees que la dialéctica constituye para nosotros como la cima y el coronamiento de todas las enseñanzas y que ninguna otra puede con razón colocarse por encima de ella y que hemos llegado al fin de nuestra investigación acerca de las enseñanzas?

—Así lo creo, dijo

 


miércoles, 9 de septiembre de 2026

Declaración de bienestar para el aula de Filosofía de Bachillerato

Protocolo de Cuidado Comunitario 

Declaración de 💚💙Bienestar para el aula de Filosofía de Bachillerato 💚💙

Como parte de la cultura de cuidado y convivencia del aula de Filosofía, y con el fin de que todas las personas participantes puedan aprender, reflexionar y dialogar en armonía, es fundamental construir un espacio seguro donde el bienestar físico, mental y emocional contribuya a generar un entorno respetuoso, inclusivo y enriquecedor para toda la comunidad educativa.

Por favor, lea detenidamente la siguiente información, ya que su aplicación y cumplimiento serán necesarios durante el desarrollo de las actividades de la asignatura.

Tenemos una política de tolerancia cero frente a cualquier forma de agresión o acoso verbal, físico o sexual, así como frente a cualquier tipo de discriminación, incluida aquella basada en el género, la raza, la orientación sexual, la identidad de género, las creencias religiosas, la diversidad funcional, el origen cultural o cualquier otro aspecto de la identidad personal.

Asimismo, mantenemos una política de tolerancia cero frente a actitudes o comportamientos que perpetúen culturas de discriminación, exclusión o violencia. Esto incluye bromas sexistas, racistas, homófobas o discriminatorias; la desvalorización sistemática de las aportaciones de determinadas personas; la exclusión deliberada de compañeros y compañeras; y cualquier otro comportamiento que atente contra la dignidad o la igualdad de quienes participan en el aula.

  • La tolerancia cero no implica necesariamente una expulsión automática. Significa que toda situación será tomada en serio, analizada y abordada mediante medidas educativas y disciplinarias adecuadas a las circunstancias.
  • Durante las clases y actividades relacionadas con la asignatura, el profesorado velará por que todas las personas sean tratadas con dignidad y respeto, promoviendo un ambiente libre de violencia, discriminación, acoso e intimidación.

Aunque el profesorado tendrá una responsabilidad especial en la aplicación de este protocolo, el mantenimiento de un entorno seguro y respetuoso es una responsabilidad compartida por todo el grupo.


Definiciones básicas

Acoso

Se entiende por acoso cualquier comportamiento o conducta no deseada u ofensiva que tenga el propósito o el efecto de vulnerar la dignidad de una persona o de crear un entorno intimidante, humillante, hostil u ofensivo.

El acoso no depende únicamente de la intención de quien realiza una conducta determinada, sino también de cómo esta es experimentada por quien la recibe. Un comentario o gesto que parece insignificante para una persona puede resultar profundamente perjudicial para otra.

Reconocemos que el acoso suele estar relacionado con situaciones de desequilibrio de poder. Estas pueden surgir por diferencias de edad, influencia social dentro del grupo, popularidad, fuerza física, capacidad de intimidación u otras circunstancias que dificulten la igualdad en las relaciones.

Acoso sexual

Se entiende por acoso sexual cualquier conducta verbal, no verbal o física de naturaleza sexual cuyo propósito o efecto sea vulnerar la dignidad de una persona.

Incluye insinuaciones sexuales no deseadas, comentarios de contenido sexual, solicitudes de favores sexuales, contacto físico inapropiado y cualquier otra conducta de naturaleza sexual que resulte incómoda, ofensiva o intimidatoria.

Uso incorrecto de la identidad de género

Consiste en referirse a una persona utilizando nombres, pronombres o formas de tratamiento que no correspondan con la identidad de género con la que dicha persona se identifica.

Intimidación o acoso entre iguales (bullying)

Se entiende por bullying el abuso o uso indebido del poder mediante conductas que intimidan, degradan, ofenden o humillan a una persona, especialmente cuando estas conductas se repiten en el tiempo.

Estas acciones atentan contra el derecho de toda persona a ser tratada con dignidad y respeto.

Racismo

Existen diferentes formas de racismo que pueden dar lugar a situaciones de discriminación o desigualdad.

Racismo aversivo

Consiste en formas sutiles de discriminación que se manifiestan mediante el distanciamiento, la falta de empatía o la exclusión, incluso cuando la persona que las ejerce rechaza explícitamente las actitudes racistas.

Racismo etnocéntrico

Se basa en la creencia de que una cultura es superior a otras y puede manifestarse mediante el rechazo de costumbres, idiomas, creencias o formas de vida diferentes.

Racismo simbólico

Reconoce formalmente la igualdad entre personas, pero establece limitaciones, barreras o condiciones que dificultan su ejercicio efectivo.

Racismo biológico

Es la forma más extrema de racismo y se basa en la falsa creencia de que existen diferencias biológicas que justifican la superioridad de unas personas sobre otras.

Conductas inapropiadas no intencionadas

En ocasiones, una persona puede no ser consciente de que una conducta resulta ofensiva o perjudicial.

Reconocemos esta posibilidad; sin embargo, la falta de intención no elimina la responsabilidad de reflexionar sobre los propios actos, asumir sus consecuencias y corregirlos.


Cómo comunicar una preocupación o presentar una queja

Es importante saber que una preocupación puede comunicarse por muchos motivos, no únicamente en situaciones extremas. Compartir estas situaciones ayuda a mejorar el bienestar y la convivencia dentro del grupo.

  • Cualquier estudiante puede dirigirse al profesorado para comunicar una situación que considere preocupante.
  • Si siente que está siendo objeto de algún tipo de acoso o comportamiento inapropiado y se encuentra en condiciones seguras para hacerlo, puede manifestar que dicho comportamiento no es aceptable y solicitar que cese.
  • También puede comunicar la situación al profesorado o a los mecanismos de apoyo y orientación establecidos por el centro educativo.
  • Si presencia una situación de posible acoso o discriminación, puede ofrecer apoyo a la persona afectada y comunicar la situación a una persona adulta responsable.
  • Si considera que una persona está actuando de manera inapropiada, puede intentar dialogar con ella de forma respetuosa, siempre que ello resulte seguro y adecuado. En caso contrario, deberá informar al profesorado.

Recomendaciones para construir un espacio seguro en el aula

Sobre el respeto a la identidad personal

  • Se anima a todas las personas a presentarse y expresarse de la manera con la que se sientan cómodas.
  • El respeto hacia el nombre, los pronombres y la identidad de cada persona forma parte de la convivencia en el aula.
  • Si se comete un error al dirigirse a alguien, lo adecuado es reconocerlo, corregirse y continuar con naturalidad.
  • La curiosidad filosófica y el interés por comprender otras perspectivas son valiosos, pero deben ejercerse respetando siempre la privacidad y los límites personales.
  • No debe divulgarse información privada sobre la identidad, orientación o circunstancias personales de ninguna persona sin su consentimiento.

Guía para disculparse de forma responsable

  • Escuche activamente a la persona afectada.
  • Muestre comprensión sobre el impacto que pudo tener su conducta.
  • Evite justificarse o minimizar lo ocurrido.
  • Asegúrese de haber comprendido correctamente la situación.
  • Explique cómo actuará de manera diferente en el futuro.
  • Si existe una forma adecuada de reparar el daño causado, muestre disposición para hacerlo.
  • Comprenda que aceptar una disculpa es una decisión que corresponde a la persona afectada.
  • Evite disculparse de forma excesiva o convertir la situación en una conversación centrada en usted.

Cuando sea necesario, el profesorado facilitará espacios de diálogo y mediación adecuados a cada situación.


Acompañamiento y apoyo

Si una persona experimenta una situación de malestar, conflicto, discriminación o acoso, podrá solicitar apoyo al profesorado o a los servicios de orientación educativa del centro.

Las personas responsables de atender estas situaciones:

  • Escucharán a las personas implicadas con respeto y confidencialidad.
  • Informarán de las opciones disponibles para abordar la situación.
  • Harán seguimiento cuando sea necesario.
  • Procurarán que todas las actuaciones se desarrollen garantizando la seguridad y la dignidad de las personas involucradas.

Anexo

Ejemplos de conductas prohibidas

Entre otras, se consideran inaceptables las siguientes conductas:

  • Tocar o invadir el espacio físico de otra persona sin su consentimiento.
  • Realizar comentarios sexuales, insinuaciones o propuestas no deseadas.
  • Difundir o mostrar material sexualmente explícito u ofensivo.
  • Hacer bromas o comentarios racistas, sexistas, homófobos, transfóbicos o discriminatorios.
  • Ridiculizar las creencias, el origen, la apariencia física, la identidad o cualquier característica personal de otra persona.
  • Difundir rumores dañinos o información privada.
  • Perseguir, hostigar o intimidar a otra persona mediante mensajes, comentarios o comportamientos persistentes.
  • Realizar comentarios ofensivos o humillantes que menoscaben la dignidad de otra persona.

Ejemplos de intimidación o bullying

Entre otros:

  • Críticas constantes e injustificadas.
  • Culpabilizar a alguien sin motivo.
  • Excluir deliberadamente a una persona de las actividades del grupo.
  • Aislar socialmente a un compañero o compañera.
  • Gritar, insultar o humillar.
  • Utilizar burlas repetidas.
  • Someter a una persona a vigilancia o control excesivos.
  • Convertir a alguien en el blanco habitual de bromas o comentarios despectivos.

Compromiso del aula de Filosofía

La Filosofía invita al cuestionamiento, al diálogo y al pensamiento crítico. Estos objetivos solo pueden alcanzarse plenamente cuando todas las personas pueden participar libremente, expresar sus ideas sin temor al menosprecio y ser tratadas con igual dignidad y respeto. Este protocolo busca garantizar las condiciones necesarias para que el aula sea una auténtica comunidad de aprendizaje, reflexión y convivencia democrática.

Nota de adaptación 💛💙💚

Este documento constituye una adaptación educativa del texto Community Care Protocol. Statement of Well-Being at the Gas-Free Cities Campaign Training 2026, desarrollado para la Campaña Ciudades Libres de Gas impulsada por Greenpeace Bruselas y Greenpeace Alemania. La adaptación mantiene el espíritu, los objetivos y los principios de convivencia del documento original, incorporando las modificaciones necesarias para su aplicación en el contexto de la enseñanza de Filosofía en Bachillerato.


 


viernes, 17 de julio de 2026

¿Qué hacemos con los hombres? Una propuesta al problema de la natalidad por Mads Larsen

 

El filósofo Charles Taylor sostiene que hay tres males en la modernidad: uno, el individualismo, dos, la primacía de la razón instrumental que aspira a mejorar la productividad en todo momento, y tres, la dictadura blanda paternalista de las burocracias. Pues bien, el noruego Mads Larsen propone una solución para el problema demográfico que ahonda aún más en estos tres males.

A continuación podemos leer la entrevista que el periódico el confidencial hace a Mads Larsen.

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"¿De España, eh? ¿Cuál es vuestra tasa de fecundidad, 1,1 hijos por mujer, verdad? Eso quiere decir que dentro de tres generaciones tendréis un 85% menos de personas. Os estáis suicidando".

A Mads Larsen, psicólogo de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, le preocupa mucho la natalidad. No tiene duda: o hacemos algo o el apocalipsis demográfico acecha a la vuelta de la esquina. Su último trabajo, coescrito con Leif Edward Ottesen Kennair y Maryanne L. Fisher y publicado en Politics and the Life Sciences, de Cambridge University Press, lleva menos de una semana publicado y ya ha llegado al debate público de países como España. Sabe que su propuesta es provocadora, impopular y controvertida. Le da igual, porque cuenta con un argumento de peso de su lado: ninguna de las medidas para fomentar la natalidad que se han implementado durante las últimas décadas ha funcionado y, aun así, los políticos siguen creyendo en ellas. Tal vez sea momento de poner sobre la mesa un plan de choque. Aquí entra la propuesta de Larsen y sus colegas: la reproducción individualista. La lógica es la siguiente. El problema al que se enfrentan las sociedades occidentales no es solo que las parejas no puedan o no quieran tener hijos sino que, simplemente, no hay suficientes parejas. Aquí es donde queda claro que el noruego viene de la escuela evolucionista: “Ahora las mujeres son libres para elegir la pareja que quieren, son económicamente independientes y tienen acceso a anticonceptivos eficientes, así que no van a hacer lo que se les obligó a hacer durante los últimos 800 años, que es distribuirse de forma equitativa entre los hombres”, explica a El Confidencial a través de videollamada. "El Estado garantizaría recursos a las mujeres para que tengan hijos ellas solas" Malas noticias para los hombres: la mayoría de ellos, como se ha recordado con frecuencia durante los últimos años, se van a quedar solteros. La propuesta de Larsen pasa por olvidarse de la pareja heterosexual como el único modelo reproductivo posible y que el Estado invierta una gran cantidad de recursos en las mujeres que quieran ser madres. De ahí lo de “individualista”. Ya decidirán ellas si quieren ser madres solteras, si quieren tener una pareja (o muchas), pero la única forma de darle la vuelta al apocalipsis demográfico es subvencionar la maternidad sin padre de por medio. “Si queremos incrementar la fertilidad, tenemos que desarrollar una nueva forma de asistencia social que consiga que las mujeres se sientan lo suficientemente seguras para ser madres por su cuenta, aunque no tengan pareja o aunque estén en una relación inestable que tal vez no dure”, explica. “En esta sociedad, el Estado ofrece a las mujeres los recursos económicos y sociales necesarios para que consideren que tener hijos ellas solas les garantiza una vida mejor que estar soltera y sin hijos”.


Vale: pero, ¿qué es una vida mejor? “Eso es cosa suya”, prosigue. “Tienen que ser ellas quienes decidan si quieren trabajar a tiempo completo, a tiempo parcial o no trabajar mientras crían a sus hijos”. La gran pregunta es qué clase de incentivos e inversiones serían necesarios para alcanzar ese escenario que, según los cálculos del psicólogo, pueden llegar a ponerse en marcha alrededor de 2040. No es solo apoyo económico, sino también la creación de entornos donde estas mujeres pudiesen acceder 24 horas a guarderías o convivir con otras madres (y padres) solteros.
'El cuento de la criada' a la inversa.
La propuesta de Larsen es una particular mezcla de evolucionismo, feminismo y keynesianismo natalista que probablemente resulte difícil de entender fuera del mundo escandinavo. Tiene claro que volver a ese modelo tradicional de familia que suele proponer la extrema derecha no es posible ni deseable. “Noruega no se va a convertir en El cuento de la criada”, asegura. “Pero también sé que si no hacemos nada, todos los países con mujeres emancipadas desaparecerán tarde o temprano, y eso significará que el proyecto feminista ha fracasado”. "Los hombres sufrirán. Se les marginará. Probablemente se radicalicen políticamente" Su propuesta es la opuesta a la novela de Margaret Atwood: las mujeres no son esclavas sino que dispondrían de los suficientes recursos para vivir su maternidad según decidiesen.

Otra duda razonable: ¿eso no las convertiría de alguna forma en dependientes de las decisiones de los partidos políticos, que tal vez en un momento dado podrían retirar su apoyo a estos programas? Larsen recuerda que en Noruega ya ocurre algo parecido, y nadie se plantea cambiarlo. “En Noruega, los hombres aportan más al Estado de bienestar de lo que reciben, mientras que las mujeres reciben 1,2 millones de dólares más de lo que pagan”, explica. “Así que los estados del bienestar nórdicos ya están orientados a ayudar a las mujeres para que puedan tener una buena vida e hijos”.
Un escenario distópico
El título del trabajo publicado hace unos días no toma prisioneros: Hacia la reproducción individualista: resolver la crisis de fertilidad podría requerir una mayor marginación de los hombres. El propio Larsen no duda en pronunciar en voz alta la palabra “distópico” cuando se le pide que describa cómo sería una sociedad donde el mayor número de mujeres optasen por esta reproducción individualista. Sobre todo, en lo que concierne a los hombres.

“Cada vez más varones de un menor valor están siendo excluidos de la vida en pareja”, recuerda el psicólogo evolucionista. “Se les está excluyendo de la intimidad, del amor, de la paternidad, de la vida en familia, y esto incrementaría esta marginación masculina, lo que sería una de las externalidades negativas”. ¿Qué hacemos con ellos, entonces? Larsen piensa durante unos segundos antes de afirmar tajantemente: “Sufrirán. Se les marginará. Probablemente se radicalicen aún más políticamente. Es un problema importante”. En su propuesta, no todo el mundo saldrá bien parado. Pero la alternativa es la extinción. El problema es que incluso sin esta reproducción individualista, muchos hombres ya están excluidos. No cambiaría nada, tan solo aceleraría esos cambios. “Los hombres ya están pagando el coste por la existencia de mujeres libres”, recuerda. “Los hombres en lo bajo de la jerarquía ya no son lo suficientemente buenos para ellas. La alternativa no puede ser que estas mujeres empiecen a emparejarse con hombres de un menor valor como parejas”. "Las mujeres pueden elegir, no van a 'redistribuirse' entre los hombres porque sí" Aquí conviene realizar una pequeña síntesis histórica que Larsen y sus colegas detallan en profundidad en su trabajo. Durante siglos, fórmulas como los matrimonios concertados tenían como objetivo forzar un reparto más o menos equitativo de mujeres entre la población masculina. El sistema monógamo que durante siglos ha estado vigente era una forma de conseguir que a cada varón le correspondiese, al menos, una esposa, y que eso garantizase tasas elevadas de reproducción. La emancipación de la mujer, el principal factor que explica el descenso de la natalidad de las últimas décadas, ha provocado que eso no solo no sea posible, sino que ya no haya vuelta atrás. “Ahora que las mujeres pueden elegir y no necesitan a los hombres para ser madres y pueden mantener relaciones sexuales sin quedarse embarazadas, no van a ‘distribuirse’ voluntariamente entre los hombres, la psicología femenina no funciona así”, recuerda. En Noruega, alrededor de la mitad de mujeres en edad fértil (entre 20 y 34 años) no tienen pareja. ¿No es posible que ellos también se beneficien de esta reproducción individualista? Aquí es donde Larsen empieza a sonar utópico, incluso cyberpunk. Quizá para 2040 podamos disponer de niñeras robóticas o vientres artificiales que permitan que los hombres también puedan ser padres solteros, lo que garantizaría que tuviesen las mismas oportunidades reproductivas.

El psicólogo lo tiene claro: poco a poco vamos a ver cómo distintos experimentos plantean soluciones semejantes. Pero ¿qué clase de experimento podría llevarse a cabo con la reproducción individualista? ¿Cómo se llevaría a cabo? “Proponemos construir un complejo de apartamentos optimizados para las necesidades de las madres solteras y sus hijos”, detalla. “Habría algún tipo de proceso de admisión para aquellos que quisieran ser padres solos. También podrían ser hombres, que por supuesto es mucho más difícil porque no tienen útero”, detalla. “Veríamos qué tipo de recursos necesitan, cómo las afecta, cómo afecta a sus relaciones y a los nacimientos, y obtendríamos información para que dentro de década y media tuviésemos un modelo que motive a las suficientes mujeres para hacerlo”.
Si algo no funciona, no hagas lo mismo otra vez
¿Cuál ha sido la reacción al paper? ¿Qué respuestas suele recibir Larsen cuando expone sus propuestas? “Oh, todo el mundo se opone. Pero es bastante común cuando trabajas sobre temas de natalidad”. "Como la derecha se preocupa por la natalidad, hacerlo te convierte en un fascista" El psicólogo expone los razonamientos que suele recibir en estos casos. El primero es negar que la baja natalidad sea un problema: “Si hay menos gente, asumimos que es bueno para el medio ambiente”. Además, la natalidad sigue siendo elevada en África. “Si los europeos desaparecen, no es un problema porque aún habrá nacimientos en África”. El segundo es que “solo la gente de derecha se preocupa por la natalidad, así que hacerlo te convierte casi en un fascista”. El tercero, ser acusado de racista porque da igual mientras siga habiendo africanos. “Y ahora, con esta propuesta la respuesta habitual es que los niños necesitan dos padres, así que facilitar la paternidad en solitario sería malo para los niños”, explica. “Todas esas preocupaciones son comprensibles, pero nos estamos asomando al abismo y nada de lo que hemos probado por ahora está funcionando”. Así que prefiere seguir la máxima de “si haces algo una y otra vez y no funciona, haz algo diferente”.

¿Ha hablado con alguno de los políticos de su país? “Sí”. ¿Alguno de ellos está interesado en lo que propone? “No, por ahora no”. Un comité noruego acaba de terminar su trabajo para abordar la caída de la natalidad, explica, y es el momento de que los políticos tomen decisiones. Lo que se ha encontrado Larsen por el momento es un cierto negacionismo a la hora de entender este descenso de natalidad como un problema. “He hablado con ellos personalmente y saben lo que significan estos números, pero no quieren hablar en público de la envergadura de este problema porque tienen miedo de que afecte negativamente a las libertades de las mujeres y que se produzca una reacción antifeminista”, prosigue. Además, añade, sus propuestas son “ridículas”. Pequeños cambios que no llevan a ningún sitio: “Que si las mujeres embarazadas deberían tener facilidades para ir al médico, que si deberíamos darle 200 dólares más cada mes a las veinteañeras que están estudiando, propuestas microscópicas que no van a disparar nuestros datos de natalidad”, prosigue. “Si no hacemos algo, sé con certeza matemática que nos extinguiremos, así que es hora de empezar a hacer pruebas con medidas políticas que puedan tener un efecto positivo”. "Si todos los países empiezan a probar soluciones, alguno encontrará alguna solución" Es su mensaje final hacia las autoridades españolas, uno de los países donde más rápido ha descendido la natalidad. Ya que se trata de un tema muy idiosincrático –como recuerda Larsen, Israel es una excepción imposible de imitar–, cada país puede llegar a sus propias soluciones. “Animaría a que España discutiese en serio sobre este tema”, concluye. “Tenéis vuestro propio legado cultural, no podéis copiar soluciones de los demás: si todos los países empiezan a realizar distintos experimentos, puede ser que alguno se tope con algo que funcione”.

Webgrafía:

- https://www.elconfidencial.com/mundo/europa/2026-04-29/mads-larsen-natalidad-reproduccion-individualista_4346625/

miércoles, 15 de abril de 2026

Aprender a vivir con la Tierra y no contra ella

 

Desde Darwin hasta hoy, el pensamiento ecológico ha ido desplazándose desde una visión competitiva y antropocéntrica hacia una comprensión relacional, sistémica y cooperativa de la vida. La Tierra ya no se entiende como un mero recurso, sino como una red viva de interdependencias —Gaia— en la que la simbiosis es condición de posibilidad de la complejidad biológica.

En el contexto de la crisis ecosocial, esta comprensión científica exige una transformación ética y educativa: reconocer nuestra eco dependencia, ampliar la comunidad moral a lo no humano y aprender a vivir dentro de los límites del planeta. La simbioética nombra así una nueva cultura de la Tierra, basada en el cuidado, la cooperación y el respeto a las múltiples inteligencias que hacen posible la vida.

 

 Charles Darwin (1859) – El origen de las especies. Introduce una comprensión dinámica de la vida: las especies evolucionan en interacción constante con su entorno. La naturaleza deja de ser estática y pasa a entenderse como proceso.

 

 

   James Lovelock (1979) – Hipótesis de Gaia. La Tierra aparece como un sistema vivo autorregulado donde organismos y entorno coevolucionan. La ecología se amplía a escala planetaria.


Lynn Margulis (1998) – Planeta simbiótico La cooperación y la simbiosis, más que la competencia, explican la complejidad de la vida. La evolución se concibe como red de alianzas.


 Jorge Riechmann (2022) – Simbioética Propone una ética de la interdependencia para el Antropoceno, que incluye a los humanos, los demás seres vivos y los sistemas naturales. Vivir bien exige vivir simbióticamente.

 

 Yayo Herrero (2019) – Educar para la sostenibilidad de la vida. La crisis ecológica se aborda desde la ecodependencia y los cuidados. La educación debe reorientarse a sostener la vida en un planeta con límites.

 

Paco Calvo (2022) – Planta sapiens Reconoce formas de inteligencia en las plantas, ampliando la noción de cognición más allá de lo humano y lo animal. Se cuestiona radicalmente el antropocentrismo.



1975 (The One-Straw Revolution). Fukuoka propone una agricultura del no-hacer, basada en colaborar con los procesos naturales en lugar de dominarlos, reduciendo la intervención humana al mínimo. Los nendo dango simbolizan esta filosofía: sembrar sin violentar la tierra, confiando en la inteligencia de la naturaleza.

 

En definitiva:

 La vida es relación, no dominación. La Tierra es red, no recurso. Vivir bien exige cuidado, cooperación y límite Simbioética: Aprender a vivir con la Tierra y no contra ella.