Filosofía en bote
Páginas
- Inicio
- Olimpiada Filosófica de España
- Debate filosófico
- Filosofía
- Historia de la Filosofía
- Psicología
- Música y filosofía
- Pensando el cine. Filosofía y cine
- Valores Éticos y Conflictos
- Videos sobre/de filósofos
- Gamificación
- Proyectos y Filosofía
- Laboratorio de Filosofía: Caja de herramientas y métodos del filósofo
- Simbioética
domingo, 27 de septiembre de 2026
TEXTO PLATÓN para PAU: Libro VII de La República
República LIBRO VII, 514a-517c; 518b-520a; 532a-535a.
1
—A continuación —proseguí— compara con la
siguiente escena el estado de nuestra naturaleza con relación a la educación o
a su carencia. Imagina, pues, una especie de vivienda subterránea en forma de
caverna, con una amplia entrada, abierta a la luz, que se extiende a lo ancho
de toda la caverna; y a unos hombres que están en ella desde niños, atados por
las piernas y el cuello, de tal manera que se vean obligados a permanecer en el
mismo lugar y a mirar únicamente hacia adelante, siendo incapaces de volver la
cabeza a causa de las ligaduras. Detrás de ellos, la luz de un fuego encendido
a cierta distancia y en una elevación del terreno; y entre el fuego y los
encadenados, un camino elevado, a lo largo del cual imagina que ha sido
construido un tabique semejante a las mamparas que se levantan entre los
prestidigitadores y el público, por encima de las cuales exhiben aquellos sus
prodigios.
—Ya
lo veo, dijo.
2
—Pues
bien, ve ahora a lo largo de ese tabique, unos hombres que transportan toda
clase de objetos, que aparecen por encima del muro, y las figuras de hombres o
animales, labradas en piedra, en madera y en toda clase de materiales; y entre
estos portadores, naturalmente, unos irán hablando y otros en silencio.
—Qué extraña escena describes —dijo— y qué
extraños prisioneros!
—Iguales
que nosotros, respondí. Porque, en primer lugar, ¿crees que quienes están en
tal situación han visto de sí mismos o de sus compañeros otra visión distinta
de las sombras proyectadas por el fuego sobre la pared de la caverna que está
frente a ellos?
—¿Cómo,
dijo, si durante toda su vida han sido obligados a mantener la cabeza inmóvil?
—¿Y de los objetos transportados? ¿No habrán visto 10 mismo?
—Sin
duda.
—Y
si pudieran hablar entre ellos, ¿no crees que al nombrar las sombras que ven
pasar ante ellos pensarían nombrar las cosas mismas?
—Necesariamente.
—Y
si la prisión tuviese un eco que viniera de la pared de enfrente, ¿piensas que,
cada vez que hablara alguno de los que pasaban, no creerían ellos que hablaba
la sombra que veían pasar?
—Por
Zeus, dijo, yo mismo no pensaría otra cosa.
—Entonces
es indudable, dije yo, que tales prisioneros no juzgarán real otra cosa más que
las sombras de los objetos fabricados.
—Es
inevitable, dijo
3
—Considera ahora, dije, lo que sucedería si
fuesen liberados de sus cadenas y curados de su error, y si de acuerdo con su
naturaleza, les ocurriese lo siguiente. Cuando uno de ellos fuera desatado y
obligado a ponerse en pie de repente y a volver la cabeza y a caminar y a mirar
hacia la luz y, cuando al hacer todo esto sintiera dolor, y, a causa de los
destellos, no pudiera distinguir los objetos cuyas sombras veía antes, ¿qué
crees que respondería si le dijera alguien que hasta entonces sólo había con-
templado sombras vanas y que es ahora cuando, hallándose más cerca de la
realidad y vueltos los ojos hacia los objetos más reales, ve con más rectitud,
y si, por último, mostrándosele los objetos a medida que pasan, le obligara a
responder a la pregunta de qué es cada uno de ellos? ¿No crees que se hallaría
perplejo y que juzgaría más verdadero lo que había visto hasta ahora que lo que
ahora se le muestra?
—Mucho más, dijo.
4
—Y,
si se le obligara a mirar la luz misma, ¿no crees que le dolerían los ojos y
que huiría de allí para volverse hacia aquellos objetos que es capaz de
contemplar y que juzgaría más claros que los que ahora se le muestran?
Así
es, dijo.
—Y
si, proseguí, lo arrancaran de allí por la fuerza y lo obligaran a recorrer la
áspera y escarpada subida y no lo dejaran hasta haberle arrastrado a la luz del
sol, ¿no crees que sufriría y se irritaría por ser así arrastrado, y que,
cuando llegase a la luz, tendría los ojos tan llenos de su resplandor que no
sería capaz de ver ni una sola de las cosas que ahora llamamos verdaderas?
—No podría, dijo, al menos los primeros
instantes.
—Necesitaría
efectivamente acostumbrarse, creo yo, para llegar a ver las cosas de arriba. Lo
que vería más fácilmente serían en primer lugar las sombras; después las
imágenes de los hombres y de los demás objetos reflejados en las aguas y,
finalmente, los objetos mismos. Después de esto, podría más fácilmente
contemplar de noche los cuerpos celestes, el cielo mismo, fijando su mirada en
la luz de las estrellas y la Luna, que de día el Sol y su resplandor.
—¿Cómo
no?
—Finalmente,
creo, sería capaz de contemplar el Sol, ya no sus imágenes reflejadas en las
aguas o en algún otro medio ajeno a él, sino el propio Sol en su misma región y
tal cual es en sí mismo.
—Necesariamente,
dijo.
5
—Y
después de esto, podría deducir respecto al Sol que es él quien produce 5 las
estaciones y los años y gobierna todo lo de la región visible y es, en cierto
modo, el autor de todo aquello que él y sus compañeros veían en la caverna.
—Es
evidente, dijo, que después de ello llegaría a esta conclusión.
6
—Y,
al acordarse de su primera habitación y de la sabiduría de allí y de sus 6
antiguos compañeros de cautiverio, ¿no crees que se sentiría feliz por su
cambio y tendría lástima de aquellos?
—Ciertamente.
—Y
si en su vida anterior hubiese habido honores y alabanzas de unos a otros y
recompensas para aquel que tuviera la vista más penetrante para discernir las
sombras que pasaban, que recordara mejor cuáles de entre ellas solían pasar
primero, cuáles después o al mismo tiempo, siendo por ello el más hábil en
pronosticar lo que iba a suceder, ¿crees que aquel sentiría nostalgia de tales
distinciones o que envidiaría a los que recibían honores y poder entre
aquellos?; ¿no crees más bien que le sucedería lo que dice Homero, es decir,
que preferiría decididamente «trabajar la tierra al servicio de un pobre
labrador» y sufrir cualquier mal antes que volver a vivir en aquel mundo de lo opinable?
—Creo
—respondió— que preferiría sufrirlo todo antes de vivir de aquel modo.
7
—
Ahora continué - considera lo siguiente: si este hombre volviera allá abajo y ocupase
de nuevo el mismo asiento, ¿no crees que se le llenarían los ojos de tinieblas
al dejar súbitamente la luz del sol?
—Ciertamente, dijo.
—Y si, mientras su vista está todavía confusa,
pues necesitaría largo tiempo para acostumbrarse de nuevo, tuviese que opinar
sobre aquellas sombras y discutir acerca de ellas con los compañeros que
permanecieron constantemente encadena- dos, ¿no les daría que reír? y ¿no
dirían de él que, por haber subido arriba, ha perdido la vista y que no vale la
pena ni siquiera intentar la subida? Y a quien pretendiera desatarlos y
hacerles subir, ¿no lo matarían si pudiesen echarle mano y matarlo?
—Sin
duda, dijo.
8
—Pues
bien, querido Glaucón —proseguí—, esta imagen debemos aplicarla enteramente a lo
que antes se dijo. EI mundo que aparece a nuestra vista es comparable a la
caverna subterránea, y la luz del fuego que hay en ella al poder del Sol. En
cuanto a la subida al mundo de arriba y a la contemplación de las cosas de él,
si las comparas con la ascensión del alma al mundo inteligible no errarás
respecto a mi conjetura, ya que deseas conocerla. Sólo Dios sabe si por ventura
es verdadera. Lo que a mí me parece es lo siguiente: en el límite extremo del
mundo inteligible está la idea del bien, que percibimos con dificultad, pero,
una vez contemplada, es necesario concluir que ella es la causa de todo lo recto
y bello que existe; que, mientras en el mundo visible ha engendrado la luz y al
soberano de ella, en el mundo inteligible es ella misma la soberana y
dispensadora de la verdad y de la inteligencia, y que es necesario que la vea
bien quien quiera conducirse sabiamente tanto en la vida priva- da como en la
pública.
—También
yo estoy de acuerdo en esto, dijo, en la medida de mi capacidad...
9
—Por
tanto —dije——, si todo esto es verdad, hemos de deducir de ello la siguiente
conclusión: que la educación no es tal cual la proclaman quienes hacen
profesión de enseñarla, Dicen ellos, en efecto, que pueden hacer entrar la
ciencia en el alma que no la posee, como si infundieran la vista a unos ojos
ciegos.
—Así
lo afirman efectivamente, dijo,
—Nuestro
diálogo muestra, por el contrario —proseguí—, que en el alma de cada uno existe
la facultad y el órgano con el que cada uno aprende y que, del mismo modo que
el ojo es incapaz de volverse de las tinieblas a la luz, sino en compañía del
cuerpo entero, así también aquel órgano, y con él el alma entera, apartándose
de lo que llega a ser, debe volverse hasta que sea capaz de sostener la
contemplación del ser y de lo que es más luminoso en el ser, que es lo que
llamamos bien, ¿no es eso?
—Sí.
—Por
consiguiente —dije—, debe haber un arte de la conversión, es decir, de la
manera más fácil y eficaz para que este órgano se vuelva; pero no de infundirle
la vista que ya tiene, sino de procurar que se oriente lo que no está vuelto
hacia la dirección correcta ni mira hacia donde es preciso.
Así
parece, dijo.
10
—Así, pues, las demás virtudes, las llamadas
virtudes del alma, es muy posible que sean bastante semejantes a las del
cuerpo, ya que, aun careciendo en un principio de ellas, pueden ser producidas
más tarde por el hábito y el ejercicio. La virtud del conocimiento, por el
contrario, parece depender de algo más divino que jamás pierde su poder y que,
según a donde se vuelva, resulta útil y provechoso o, por el contrario, inútil
y nocivo. ¿O no has observado, respecto de aquellos de los que se dice que son
malvados pero inteligentes, con qué penetración percibe su alma miserable y con
qué agudeza distingue aquello hacia lo cual se vuelve, porque no tiene mala
vista, sino que está obligada a ponerla al servicio de la maldad, de manera que
cuanto mayor sea la agudeza de su mirada, tanto mayores serán los males que
cometa?
—Así
es en efecto, dijo.
—Pero si desde la infancia —continué— se
hubieran extirpado de tal naturaleza esas excrecencias, por así decirlo,
plúmbeas, emparentadas con la generación y que, adheridas por la gula, los
placeres y otros apetitos semejantes, arrastran hacia abajo la visión del alma;
si, libre de ellas, se volviera hacia lo verdadero, aquella misma alma de los
mismos hombres lo vería también con la mayor agudeza, lo mismo que ve ahora
aquellas cosas hacia las que está vuelta.
—Es
natural, dijo.
11
—¿Y
qué? ¿No es también natural —dije—, y se deduce necesariamente de lo dicho, que
las gentes sin educación y sin experiencia de la verdad jamás serán aptas para
gobernar una ciudad, ni tampoco aquellos a quienes se permita permanecer
investigando hasta el fin de su vida; los unos porque no tienen en la vida
ningún objetivo al que apunten todas sus acciones tanto privadas como públicas,
y los otros porque no consentirán en actuar, considerándose ya en esta vida
moradores de las islas de los bienaventurados?
—Es
verdad, dijo.
—Es,
pues, tarea nuestra, dije, de los fundadores de la república, obligar a las
mejores naturalezas a que alcancen el conocimiento que afirmamos era el más
excelente: ver el bien y ascender por aquella subida y después que, habiendo
subido, hayan visto adecuadamente, no permitirles lo que ahora se les permite.
—¿Y
qué es?
—Que
permanezcan allí —respondí--— y no consientan en bajar de nuevo junto a
aquellos prisioneros ni en participar con ellos en sus trabajos ni en sus
honores, sean estos más despreciables o más estimables.
—En
ese caso, dijo, ¿no seremos injustos con ellos y les haremos vivir peor, cuando
podrían vivir mejor?
12
—Vuelves
a olvidar, querido amigo —dije—, que a la ley no le interesa que haya en la
ciudad una clase que disfrute de una situación privilegiada, sino que procura
el bienestar de la ciudad entera, introduciendo la armonía entre los ciudadanos
por la persuasión o por la fuerza y haciendo que se presten los unos a los
otros los servicios que cada cual es capaz de aportar a la comunidad. La misma
ley forma en la ciudad hombres de tal naturaleza, no para permitirles que cada
uno se vuelva cuando le plazca, sino para servirse ella misma de ellos con el
fin de alcanzar la cohesión de la ciudad
—Es
verdad, dijo. Me olvidé de ello.
13
—Entonces,
Glaucón, ¿no será esta precisamente la melodía que la dialéctica ejecuta? La
cual, aun perteneciendo a lo inteligible, es imitada por la facultad de la
vista, de la que hemos dicho antes que se esfuerza primero en contemplar los
anima- les, luego los astros mismos y, por último, el propio Sol. Del mismo
modo, cuando uno, mediante la dialéctica y sin ninguno de los sentidos, sino
con ayuda de la razón, intenta lanzarse a lo que cada cosa es en sí y no
desiste hasta haber alcanzado, con la sola inteligencia, lo que es el bien en
sí mismo, llega con ello al término de lo inteligible, como aquel otro (de
nuestra alegoría) llegó entonces al de lo sensible.
—Absolutamente,
dijo.
—¿Y
qué? ¿No es este viaje al que denominas dialéctica?
—Ciertamente.
—Y
la liberación de las cadenas, dije, y la conversión de las sombras a las
imágenes y a la luz y el ascenso de la caverna hacia el Sol y la impotencia, al
llegar allí, de mirar aún los animales, las plantas y la luz del sol, sino
únicamente los reflejos divinos en las aguas y las sombras de los objetos
reales, aunque no las sombras de las imágenes proyectadas por otra luz que,
comparada con el Sol, es semejante a ellas, he ahí el poder que posee el
estudio de las ciencias que hemos enumerado, el cual eleva la mejor parte del
alma hacia la contemplación del mejor de los seres, del mismo modo que antes
elevaba el más perspicaz de los órganos del cuerpo a la contemplación de lo más
luminoso en el mundo corporal y visible.
14
—Así
lo admito, dijo. Sin embargo, me parecen cosas difíciles de admitir, aunque
también difíciles de rechazar. Sea como fuere (puesto que no será esta la única
ocasión en que las oigamos, sino que hemos de volver sobre ella muchas veces),
admitiendo ahora que sea como dices, vayamos a la melodía misma y analicémosla
como lo hemos hecho con el preludio. Dinos, pues, de qué naturaleza es la
facultad dialéctica, en cuántas especies se divide y por qué caminos se llega a
ella, ya que, según parece, ellos nos conducirán a donde, una vez que
lleguemos, alcanzaremos el descanso del camino y el fin del viaje.
—Pero no serás capaz de acompañarme hasta
allí, querido Glaucón —repliqué—, aunque, por lo que a mí respecta, no me
faltaría buena voluntad. No verías entonces la imagen del bien, sino el
verdadero bien en sí mismo, al menos como a mí me parece. Si es así o no, no
vale la pena ahora insistir en ello, pero sí ha de afirmarse que es necesario contemplar
algo semejante. ¿No es así?
—Sin
duda. —
¿Y
no es también cierto que la facultad dialéctica será la única que lo revelará a
quien sea experto en las ciencias que hemos enumerado, siendo imposible de otro
modo?
—También
sobre esto, dijo, merece la pena insistir.
15
—Al
menos en esto, dije, nadie podrá contradecirnos: en que no hay otro método que
intente, por este camino y en cualquier materia, llegar a la esencia de cada
cosa. Las demás artes, en efecto, se ocupan de las opiniones y deseos de los
hombres, o se han desarrollado teniendo como objeto la producción, la
fabricación o el mantenimiento de los productos naturales o artificiales. En
cuanto a las restantes, de las que hemos dicho que comprenden algo del ser,
como la geometría y las que la acompañan, vemos cómo sueñan acerca del ser,
pero son incapaces de verlo con una visión de estado de vigilia, mientras
utilicen hipótesis que dejen intactas, por no poder dar razón de ellas. En
efecto, cuando se toma como principio lo que no se conoce y la conclusión y las
proposiciones intermedias se entrelazan entre sí a partir de lo desconocido,
¿qué posibilidad existe de que el asentimiento a tal razona- miento pueda
convertirse alguna vez en ciencia?
—Ninguna,
respondió.
16
—Así pues, dije yo, el método dialéctico es el
único que, haciendo desaparecer las hipótesis, avanza hasta el principio mismo
para establecerlo sólidamente y sacando suavemente el ojo del alma del bárbaro
lodazal en que estaba hundido, lo eleva hacia lo alto, sirviéndose, como de
auxiliares y cooperadores en esta conversión, de las artes que hemos enumerado.
Muchas veces las hemos llamado ciencias, para acomodarnos al uso; pero habría
que darles otro nombre cuyo significado implicara más claridad que la opinión y
más oscuridad que la ciencia. En algún momento de nuestro diálogo hemos
utilizado el término de «inteligencia discursiva»; pero no me parece que
debamos discutir sobre los nombres cuando tenemos ante nosotros realidades tan
importantes que debemos examinar.
—No, ciertamente, dijo; sería suficiente un
solo nombre que mostrase con claridad lo que pensamos.
17
—Me parece adecuado, dije, seguir llamando,
como antes, ciencia al primer modo de conocimiento, inteligencia discursiva al
segundo, creencia al tercero y conjetura al cuarto. Comprendemos los dos
últimos bajo el nombre de opinión y los dos primeros bajo el de intelección,
siendo el objeto de la opinión el devenir y el de la intelección la esencia. Y lo
que es la esencia con relación al devenir, lo es la intelección respecto a la
opinión; y lo que es la intelección con relación a la opinión lo es la ciencia
respecto a la creencia y la inteligencia discursiva respecto a la conjetura.
Dejemos, sin embargo, la analogía y la división de los objetos de cada uno de
los ámbitos, de la opinión y de la intelección, para no precipitarnos en
discursos mucho más largos que los que hemos mantenido.
—Estoy
de acuerdo contigo, dijo, en la medida en que soy capaz de seguirte.
18
—¿Llamas
también dialéctico al que comprende la razón de la esencia de cada cosa? Y del
que no lo hace, ¿no dirás que tiene tanta menor inteligencia de una cosa cuanto
más incapaz sea de dar razón de ella a sí mismo y a los demás?
—¿Cómo
no lo diría?, respondió.
—Pues
lo mismo ocurre con el bien. El que no pueda definir con la razón la idea del
bien, distinguiéndola de todas las demás, y sea incapaz de abrirse paso, como
en un combate, a través de todas la objeciones, aplicándose a fundamentar sus
pruebas, no en la apariencia sino en la esencia, superando todos los obstáculos
mediante una lógica infalible, no dirás que este hombre conoce el bien en sí,
ni ningún bien, sino que, si por casualidad alcanza alguna imagen del bien, la
alcanzará por la opinión y no por la ciencia y dirás que su vida presente la
pasa en un profundo sueño y letargo, del que no despertará en este mundo antes
de haber bajado al Hades para dormir allí un sueño perfecto.
—¡Por
Zeus!, dijo, sin duda diré todo eso rigurosamente.
19
—Y
si un día tuvieras que educar en la práctica a esos niños que ahora educas en
teoría, no permitirás, creo, que siendo gobernantes de la ciudad y árbitros de
sus decisiones, carezcan de razón como las líneas irracionales.
—Ciertamente
no, dijo.
—Les
ordenarás, por el contrario, que se apliquen sobre todo al estudio de esta
ciencia que les hará más competentes en el preguntar y en el responder.
—Lo
ordenaré, dijo, de acuerdo contigo.
—Y,
entonces, ¿no crees que la dialéctica constituye para nosotros como la cima y
el coronamiento de todas las enseñanzas y que ninguna otra puede con razón
colocarse por encima de ella y que hemos llegado al fin de nuestra
investigación acerca de las enseñanzas?
—Así
lo creo, dijo
miércoles, 9 de septiembre de 2026
Declaración de bienestar para el aula de Filosofía de Bachillerato
Protocolo de Cuidado Comunitario
Declaración de 💚💙Bienestar para el aula de Filosofía de Bachillerato 💚💙
Como parte de la cultura de cuidado y convivencia
del aula de Filosofía, y con el fin de que todas las personas participantes
puedan aprender, reflexionar y dialogar en armonía, es fundamental construir un
espacio seguro donde el bienestar físico, mental y emocional contribuya a
generar un entorno respetuoso, inclusivo y enriquecedor para toda la comunidad
educativa.
Por favor, lea detenidamente la siguiente
información, ya que su aplicación y cumplimiento serán necesarios durante el
desarrollo de las actividades de la asignatura.
Tenemos una política de tolerancia cero frente
a cualquier forma de agresión o acoso verbal, físico o sexual, así como frente
a cualquier tipo de discriminación, incluida aquella basada en el género, la
raza, la orientación sexual, la identidad de género, las creencias religiosas,
la diversidad funcional, el origen cultural o cualquier otro aspecto de la
identidad personal.
Asimismo, mantenemos una política de tolerancia
cero frente a actitudes o comportamientos que perpetúen culturas de
discriminación, exclusión o violencia. Esto incluye bromas sexistas, racistas,
homófobas o discriminatorias; la desvalorización sistemática de las
aportaciones de determinadas personas; la exclusión deliberada de compañeros y
compañeras; y cualquier otro comportamiento que atente contra la dignidad o la
igualdad de quienes participan en el aula.
- La tolerancia cero no implica necesariamente una expulsión automática.
Significa que toda situación será tomada en serio, analizada y abordada
mediante medidas educativas y disciplinarias adecuadas a las
circunstancias.
- Durante las clases y actividades relacionadas con la asignatura, el
profesorado velará por que todas las personas sean tratadas con dignidad y
respeto, promoviendo un ambiente libre de violencia, discriminación, acoso
e intimidación.
Aunque el profesorado tendrá una responsabilidad
especial en la aplicación de este protocolo, el mantenimiento de un entorno
seguro y respetuoso es una responsabilidad compartida por todo el grupo.
Definiciones
básicas
Acoso
Se entiende por acoso cualquier comportamiento o
conducta no deseada u ofensiva que tenga el propósito o el efecto de vulnerar
la dignidad de una persona o de crear un entorno intimidante, humillante,
hostil u ofensivo.
El acoso no depende únicamente de la intención de
quien realiza una conducta determinada, sino también de cómo esta es
experimentada por quien la recibe. Un comentario o gesto que parece
insignificante para una persona puede resultar profundamente perjudicial para
otra.
Reconocemos que el acoso suele estar relacionado
con situaciones de desequilibrio de poder. Estas pueden surgir por diferencias
de edad, influencia social dentro del grupo, popularidad, fuerza física,
capacidad de intimidación u otras circunstancias que dificulten la igualdad en
las relaciones.
Acoso sexual
Se entiende por acoso sexual cualquier conducta
verbal, no verbal o física de naturaleza sexual cuyo propósito o efecto sea
vulnerar la dignidad de una persona.
Incluye insinuaciones sexuales no deseadas,
comentarios de contenido sexual, solicitudes de favores sexuales, contacto
físico inapropiado y cualquier otra conducta de naturaleza sexual que resulte
incómoda, ofensiva o intimidatoria.
Uso incorrecto
de la identidad de género
Consiste en referirse a una persona utilizando
nombres, pronombres o formas de tratamiento que no correspondan con la
identidad de género con la que dicha persona se identifica.
Intimidación o
acoso entre iguales (bullying)
Se entiende por bullying el abuso o uso indebido
del poder mediante conductas que intimidan, degradan, ofenden o humillan a una
persona, especialmente cuando estas conductas se repiten en el tiempo.
Estas acciones atentan contra el derecho de toda
persona a ser tratada con dignidad y respeto.
Racismo
Existen diferentes formas de racismo que pueden
dar lugar a situaciones de discriminación o desigualdad.
Racismo
aversivo
Consiste en formas sutiles de discriminación que
se manifiestan mediante el distanciamiento, la falta de empatía o la exclusión,
incluso cuando la persona que las ejerce rechaza explícitamente las actitudes
racistas.
Racismo
etnocéntrico
Se basa en la creencia de que una cultura es
superior a otras y puede manifestarse mediante el rechazo de costumbres,
idiomas, creencias o formas de vida diferentes.
Racismo
simbólico
Reconoce formalmente la igualdad entre personas,
pero establece limitaciones, barreras o condiciones que dificultan su ejercicio
efectivo.
Racismo
biológico
Es la forma más extrema de racismo y se basa en
la falsa creencia de que existen diferencias biológicas que justifican la
superioridad de unas personas sobre otras.
Conductas
inapropiadas no intencionadas
En ocasiones, una persona puede no ser consciente
de que una conducta resulta ofensiva o perjudicial.
Reconocemos esta posibilidad; sin embargo, la
falta de intención no elimina la responsabilidad de reflexionar sobre los
propios actos, asumir sus consecuencias y corregirlos.
Cómo
comunicar una preocupación o presentar una queja
Es importante saber que una preocupación puede
comunicarse por muchos motivos, no únicamente en situaciones extremas.
Compartir estas situaciones ayuda a mejorar el bienestar y la convivencia
dentro del grupo.
- Cualquier estudiante puede dirigirse al profesorado para comunicar una
situación que considere preocupante.
- Si siente que está siendo objeto de algún tipo de acoso o
comportamiento inapropiado y se encuentra en condiciones seguras para
hacerlo, puede manifestar que dicho comportamiento no es aceptable y
solicitar que cese.
- También puede comunicar la situación al profesorado o a los mecanismos
de apoyo y orientación establecidos por el centro educativo.
- Si presencia una situación de posible acoso o discriminación, puede
ofrecer apoyo a la persona afectada y comunicar la situación a una persona
adulta responsable.
- Si considera que una persona está actuando de manera inapropiada,
puede intentar dialogar con ella de forma respetuosa, siempre que ello
resulte seguro y adecuado. En caso contrario, deberá informar al
profesorado.
Recomendaciones
para construir un espacio seguro en el aula
Sobre el
respeto a la identidad personal
- Se anima a todas las personas a presentarse y expresarse de la manera
con la que se sientan cómodas.
- El respeto hacia el nombre, los pronombres y la identidad de cada
persona forma parte de la convivencia en el aula.
- Si se comete un error al dirigirse a alguien, lo adecuado es
reconocerlo, corregirse y continuar con naturalidad.
- La curiosidad filosófica y el interés por comprender otras
perspectivas son valiosos, pero deben ejercerse respetando siempre la
privacidad y los límites personales.
- No debe divulgarse información privada sobre la identidad, orientación
o circunstancias personales de ninguna persona sin su consentimiento.
Guía para
disculparse de forma responsable
- Escuche activamente a la persona afectada.
- Muestre comprensión sobre el impacto que pudo tener su conducta.
- Evite justificarse o minimizar lo ocurrido.
- Asegúrese de haber comprendido correctamente la situación.
- Explique cómo actuará de manera diferente en el futuro.
- Si existe una forma adecuada de reparar el daño causado, muestre
disposición para hacerlo.
- Comprenda que aceptar una disculpa es una decisión que corresponde a
la persona afectada.
- Evite disculparse de forma excesiva o convertir la situación en una
conversación centrada en usted.
Cuando sea necesario, el profesorado facilitará
espacios de diálogo y mediación adecuados a cada situación.
Acompañamiento
y apoyo
Si una persona experimenta una situación de
malestar, conflicto, discriminación o acoso, podrá solicitar apoyo al
profesorado o a los servicios de orientación educativa del centro.
Las personas responsables de atender estas
situaciones:
- Escucharán a las personas implicadas con respeto y confidencialidad.
- Informarán de las opciones disponibles para abordar la situación.
- Harán seguimiento cuando sea necesario.
- Procurarán que todas las actuaciones se desarrollen garantizando la
seguridad y la dignidad de las personas involucradas.
Anexo
Ejemplos de
conductas prohibidas
Entre otras, se consideran inaceptables las
siguientes conductas:
- Tocar o invadir el espacio físico de otra persona sin su
consentimiento.
- Realizar comentarios sexuales, insinuaciones o propuestas no deseadas.
- Difundir o mostrar material sexualmente explícito u ofensivo.
- Hacer bromas o comentarios racistas, sexistas, homófobos, transfóbicos
o discriminatorios.
- Ridiculizar las creencias, el origen, la apariencia física, la
identidad o cualquier característica personal de otra persona.
- Difundir rumores dañinos o información privada.
- Perseguir, hostigar o intimidar a otra persona mediante mensajes,
comentarios o comportamientos persistentes.
- Realizar comentarios ofensivos o humillantes que menoscaben la
dignidad de otra persona.
Ejemplos de
intimidación o bullying
Entre otros:
- Críticas constantes e injustificadas.
- Culpabilizar a alguien sin motivo.
- Excluir deliberadamente a una persona de las actividades del grupo.
- Aislar socialmente a un compañero o compañera.
- Gritar, insultar o humillar.
- Utilizar burlas repetidas.
- Someter a una persona a vigilancia o control excesivos.
- Convertir a alguien en el blanco habitual de bromas o comentarios
despectivos.
Compromiso del
aula de Filosofía
La Filosofía invita al cuestionamiento, al
diálogo y al pensamiento crítico. Estos objetivos solo pueden alcanzarse
plenamente cuando todas las personas pueden participar libremente, expresar sus
ideas sin temor al menosprecio y ser tratadas con igual dignidad y respeto.
Este protocolo busca garantizar las condiciones necesarias para que el aula sea
una auténtica comunidad de aprendizaje, reflexión y convivencia democrática.
Nota de adaptación 💛💙💚
Este documento constituye una adaptación educativa del texto Community Care Protocol. Statement of Well-Being at the Gas-Free Cities Campaign Training 2026, desarrollado para la Campaña Ciudades Libres de Gas impulsada por Greenpeace Bruselas y Greenpeace Alemania. La adaptación mantiene el espíritu, los objetivos y los principios de convivencia del documento original, incorporando las modificaciones necesarias para su aplicación en el contexto de la enseñanza de Filosofía en Bachillerato.
viernes, 17 de julio de 2026
¿Qué hacemos con los hombres? Una propuesta al problema de la natalidad por Mads Larsen
El filósofo Charles Taylor
sostiene que hay tres males en la modernidad: uno, el individualismo, dos, la
primacía de la razón instrumental que aspira a mejorar la productividad en todo
momento, y tres, la dictadura blanda paternalista de las burocracias. Pues
bien, el noruego Mads Larsen propone una solución para el
problema demográfico que ahonda aún más en estos tres males.
A
continuación podemos leer la entrevista que el periódico el confidencial hace a
Mads Larsen.
__________________________________________
"¿De España, eh? ¿Cuál es vuestra tasa de
fecundidad, 1,1 hijos por mujer, verdad? Eso quiere decir que dentro de tres
generaciones tendréis un 85% menos de personas. Os estáis suicidando".
A Mads Larsen, psicólogo de la
Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, le preocupa mucho la natalidad. No
tiene duda: o hacemos algo o el apocalipsis demográfico acecha a la vuelta de
la esquina. Su último trabajo, coescrito con Leif Edward Ottesen Kennair y Maryanne
L. Fisher y publicado en Politics and the Life Sciences, de Cambridge
University Press, lleva menos de una semana publicado y ya ha llegado al debate
público de países como España. Sabe que su propuesta es provocadora, impopular
y controvertida. Le da igual, porque cuenta con un argumento de peso de su
lado: ninguna de las medidas para fomentar la natalidad que se han implementado
durante las últimas décadas ha funcionado y, aun así, los políticos siguen
creyendo en ellas. Tal vez sea momento de poner sobre la mesa un plan de
choque. Aquí entra la propuesta de Larsen y sus colegas: la reproducción
individualista. La lógica es la siguiente. El problema al que se enfrentan las
sociedades occidentales no es solo que las parejas no puedan o no quieran tener
hijos sino que, simplemente, no hay suficientes parejas. Aquí es donde queda
claro que el noruego viene de la escuela evolucionista: “Ahora las mujeres son
libres para elegir la pareja que quieren, son económicamente independientes y
tienen acceso a anticonceptivos eficientes, así que no van a hacer lo que se
les obligó a hacer durante los últimos 800 años, que es distribuirse de forma
equitativa entre los hombres”, explica a El Confidencial a través de
videollamada. "El Estado garantizaría recursos a las mujeres para que
tengan hijos ellas solas" Malas noticias para los hombres: la mayoría de
ellos, como se ha recordado con frecuencia durante los últimos años, se van a
quedar solteros. La propuesta de Larsen pasa por olvidarse de la pareja
heterosexual como el único modelo reproductivo posible y que el Estado invierta
una gran cantidad de recursos en las mujeres que quieran ser madres. De ahí lo
de “individualista”. Ya decidirán ellas si quieren ser madres solteras, si
quieren tener una pareja (o muchas), pero la única forma de darle la vuelta al
apocalipsis demográfico es subvencionar la maternidad sin padre de por medio.
“Si queremos incrementar la fertilidad, tenemos que desarrollar una nueva forma
de asistencia social que consiga que las mujeres se sientan lo suficientemente
seguras para ser madres por su cuenta, aunque no tengan pareja o aunque estén
en una relación inestable que tal vez no dure”, explica. “En esta sociedad, el
Estado ofrece a las mujeres los recursos económicos y sociales necesarios para
que consideren que tener hijos ellas solas les garantiza una vida mejor que
estar soltera y sin hijos”.
Vale: pero, ¿qué es una vida mejor? “Eso es cosa suya”,
prosigue. “Tienen que ser ellas quienes decidan si quieren trabajar a tiempo
completo, a tiempo parcial o no trabajar mientras crían a sus hijos”. La gran
pregunta es qué clase de incentivos e inversiones serían necesarios para alcanzar
ese escenario que, según los cálculos del psicólogo, pueden llegar a ponerse en
marcha alrededor de 2040. No es solo apoyo económico, sino también la creación de entornos donde estas
mujeres pudiesen acceder 24 horas a guarderías o convivir con otras
madres (y padres) solteros.
'El cuento de la criada' a la inversa.
La propuesta de Larsen es una particular mezcla de evolucionismo, feminismo y
keynesianismo natalista que probablemente resulte difícil de entender fuera del
mundo escandinavo. Tiene claro que volver a ese modelo tradicional de familia que suele proponer la extrema
derecha no es posible ni deseable. “Noruega no se va a convertir en El
cuento de la criada”, asegura. “Pero también sé que si no hacemos nada, todos
los países con mujeres emancipadas desaparecerán tarde o temprano, y eso
significará que el proyecto feminista ha fracasado”. "Los hombres
sufrirán. Se les marginará. Probablemente se radicalicen políticamente" Su
propuesta es la opuesta a la novela de Margaret Atwood: las mujeres no son
esclavas sino que dispondrían de los suficientes recursos para vivir su
maternidad según decidiesen.
Otra duda razonable: ¿eso no las convertiría de
alguna forma en dependientes de las decisiones de los partidos políticos, que
tal vez en un momento dado podrían retirar su apoyo a estos programas?
Larsen recuerda que en Noruega ya ocurre algo parecido, y nadie se plantea
cambiarlo. “En Noruega, los hombres aportan más al Estado de bienestar de lo
que reciben, mientras que las mujeres reciben 1,2 millones de dólares más de lo
que pagan”, explica. “Así que los estados del bienestar nórdicos ya están
orientados a ayudar a las mujeres para que puedan tener una buena vida e
hijos”.
Un escenario distópico
El título del trabajo publicado hace unos días no toma prisioneros: Hacia la
reproducción individualista: resolver la crisis de fertilidad podría requerir
una mayor marginación de los hombres. El propio Larsen no duda en pronunciar en
voz alta la palabra “distópico” cuando se le pide que describa cómo sería una
sociedad donde el mayor número de mujeres optasen por esta reproducción
individualista. Sobre todo, en lo que concierne a los hombres.
“Cada vez más varones de un menor
valor están siendo excluidos de la vida en pareja”, recuerda el psicólogo
evolucionista. “Se les está excluyendo de la intimidad, del amor, de la
paternidad, de la vida en familia, y esto incrementaría esta marginación
masculina, lo que sería una de las externalidades negativas”. ¿Qué hacemos con ellos,
entonces? Larsen piensa durante unos segundos antes de afirmar
tajantemente: “Sufrirán. Se les marginará. Probablemente se radicalicen aún más
políticamente. Es un problema importante”. En su propuesta, no todo el mundo
saldrá bien parado. Pero la alternativa es la extinción. El problema es que
incluso sin esta reproducción individualista, muchos hombres ya están
excluidos. No cambiaría nada, tan solo aceleraría esos cambios. “Los hombres ya
están pagando el coste por la existencia de mujeres libres”, recuerda. “Los
hombres en lo bajo de la jerarquía ya no son lo suficientemente buenos para
ellas. La alternativa no puede ser que estas mujeres empiecen a emparejarse con
hombres de un menor valor como parejas”. "Las mujeres pueden elegir, no
van a 'redistribuirse' entre los hombres porque sí" Aquí conviene realizar
una pequeña síntesis histórica que Larsen y sus colegas detallan en profundidad
en su trabajo. Durante siglos, fórmulas como los matrimonios concertados tenían
como objetivo forzar un reparto más o menos equitativo de mujeres entre la
población masculina. El sistema monógamo que durante siglos ha estado vigente
era una forma de conseguir que a cada varón le correspondiese, al menos, una
esposa, y que eso garantizase tasas elevadas de reproducción. La emancipación
de la mujer, el principal factor que explica el descenso de la natalidad de las
últimas décadas, ha provocado que eso no solo no sea posible, sino que ya no
haya vuelta atrás. “Ahora que las mujeres pueden elegir y no necesitan a los
hombres para ser madres y pueden mantener relaciones sexuales sin quedarse
embarazadas, no van a ‘distribuirse’ voluntariamente entre los hombres, la
psicología femenina no funciona así”, recuerda. En Noruega, alrededor de la
mitad de mujeres en edad fértil (entre 20 y 34 años) no tienen pareja. ¿No es posible que ellos también
se beneficien de esta reproducción individualista? Aquí es donde
Larsen empieza a sonar utópico, incluso cyberpunk. Quizá para 2040 podamos
disponer de niñeras robóticas o vientres artificiales que permitan que los
hombres también puedan ser padres solteros, lo que garantizaría que tuviesen
las mismas oportunidades reproductivas.
El psicólogo lo tiene claro: poco a poco vamos a ver cómo distintos
experimentos plantean soluciones semejantes. Pero ¿qué clase de experimento podría llevarse a cabo con
la reproducción individualista? ¿Cómo se llevaría a cabo?
“Proponemos construir un complejo de apartamentos optimizados para las
necesidades de las madres solteras y sus hijos”, detalla. “Habría algún tipo de
proceso de admisión para aquellos que quisieran ser padres solos. También
podrían ser hombres, que por supuesto es mucho más difícil porque no tienen
útero”, detalla. “Veríamos qué tipo de recursos necesitan, cómo las afecta,
cómo afecta a sus relaciones y a los nacimientos, y obtendríamos información
para que dentro de década y media tuviésemos un modelo que motive a las
suficientes mujeres para hacerlo”.
Si algo no funciona, no hagas lo mismo otra vez
¿Cuál ha sido la
reacción al paper? ¿Qué respuestas suele recibir Larsen cuando expone sus
propuestas? “Oh, todo el mundo se opone. Pero es bastante común
cuando trabajas sobre temas de natalidad”. "Como la derecha se preocupa
por la natalidad, hacerlo te convierte en un fascista" El psicólogo expone
los razonamientos que suele recibir en estos casos. El primero es negar que la
baja natalidad sea un problema: “Si hay menos gente, asumimos que es bueno para
el medio ambiente”. Además, la natalidad sigue siendo elevada en África. “Si
los europeos desaparecen, no es un problema porque aún habrá nacimientos en África”.
El segundo es que “solo la gente de derecha se preocupa por la natalidad, así
que hacerlo te convierte casi en un fascista”. El tercero, ser acusado de
racista porque da igual mientras siga habiendo africanos. “Y ahora, con esta
propuesta la respuesta habitual es que los niños necesitan dos padres, así que
facilitar la paternidad en solitario sería malo para los niños”, explica.
“Todas esas preocupaciones son comprensibles, pero nos estamos asomando al
abismo y nada de lo que hemos probado por ahora está funcionando”. Así que
prefiere seguir la máxima de “si haces algo una y otra vez y no funciona, haz
algo diferente”.
¿Ha hablado con alguno de los políticos de su país?
“Sí”. ¿Alguno de ellos
está interesado en lo que propone? “No, por ahora no”. Un comité
noruego acaba de terminar su trabajo para abordar la caída de la natalidad,
explica, y es el momento de que los políticos tomen decisiones. Lo que se ha
encontrado Larsen por el momento es un cierto negacionismo a la hora de
entender este descenso de natalidad como un problema. “He hablado con ellos
personalmente y saben lo que significan estos números, pero no quieren hablar
en público de la envergadura de este problema porque tienen miedo de que afecte
negativamente a las libertades de las mujeres y que se produzca una reacción
antifeminista”, prosigue. Además, añade, sus propuestas son “ridículas”.
Pequeños cambios que no llevan a ningún sitio: “Que si las mujeres embarazadas
deberían tener facilidades para ir al médico, que si deberíamos darle 200
dólares más cada mes a las veinteañeras que están estudiando, propuestas
microscópicas que no van a disparar nuestros datos de natalidad”, prosigue. “Si
no hacemos algo, sé con certeza matemática que nos extinguiremos, así que es
hora de empezar a hacer pruebas con medidas políticas que puedan tener un
efecto positivo”. "Si todos los países empiezan a probar soluciones, alguno
encontrará alguna solución" Es su mensaje final hacia las autoridades
españolas, uno de los países donde más rápido ha descendido la natalidad. Ya
que se trata de un tema muy idiosincrático –como recuerda Larsen, Israel es una
excepción imposible de imitar–, cada país puede llegar a sus propias
soluciones. “Animaría a que España discutiese en serio sobre este tema”,
concluye. “Tenéis vuestro propio legado cultural, no podéis copiar soluciones
de los demás: si todos los países empiezan a realizar distintos experimentos,
puede ser que alguno se tope con algo que funcione”.
Webgrafía:
miércoles, 15 de abril de 2026
Aprender a vivir con la Tierra y no contra ella
Desde Darwin hasta hoy, el pensamiento ecológico ha ido desplazándose desde una visión competitiva y antropocéntrica hacia una comprensión relacional, sistémica y cooperativa de la vida. La Tierra ya no se entiende como un mero recurso, sino como una red viva de interdependencias —Gaia— en la que la simbiosis es condición de posibilidad de la complejidad biológica.
En el contexto de la crisis
ecosocial, esta comprensión científica exige una transformación ética y
educativa: reconocer nuestra eco dependencia, ampliar la comunidad moral a lo
no humano y aprender a vivir dentro de los límites del planeta. La simbioética
nombra así una nueva cultura de la Tierra, basada en el cuidado, la cooperación
y el respeto a las múltiples inteligencias que hacen posible la vida.
Charles Darwin (1859) – El origen de
las especies. Introduce una comprensión dinámica de la vida: las especies
evolucionan en interacción constante con su entorno. La naturaleza deja de ser
estática y pasa a entenderse como proceso.
James Lovelock (1979) – Hipótesis de Gaia. La Tierra aparece como un sistema vivo autorregulado donde organismos y entorno coevolucionan. La ecología se amplía a escala planetaria.
Lynn Margulis (1998) – Planeta simbiótico La
cooperación y la simbiosis, más que la competencia, explican la complejidad de
la vida. La evolución se concibe como red de alianzas.
Jorge Riechmann (2022) – Simbioética Propone
una ética de la interdependencia para el Antropoceno, que incluye a los
humanos, los demás seres vivos y los sistemas naturales. Vivir bien exige vivir
simbióticamente.
Yayo Herrero (2019) – Educar para la
sostenibilidad de la vida. La crisis ecológica se aborda desde la
ecodependencia y los cuidados. La educación debe reorientarse a sostener la
vida en un planeta con límites.
Paco Calvo (2022) – Planta sapiens
Reconoce formas de inteligencia en las plantas, ampliando la noción de
cognición más allá de lo humano y lo animal. Se cuestiona radicalmente el
antropocentrismo.
1975 (The One-Straw Revolution). Fukuoka
propone una agricultura del no-hacer, basada en colaborar con los procesos
naturales en lugar de dominarlos, reduciendo la intervención humana al mínimo.
Los nendo dango simbolizan esta filosofía: sembrar sin violentar la tierra,
confiando en la inteligencia de la naturaleza.
En definitiva:
La vida es relación, no dominación. La Tierra
es red, no recurso. Vivir bien exige cuidado, cooperación y límite Simbioética:
Aprender a vivir con la Tierra y no contra ella.