viernes, 17 de julio de 2026

¿Qué hacemos con los hombres? Una propuesta al problema de la natalidad por Mads Larsen

 

El filósofo Charles Taylor sostiene que hay tres males en la modernidad: uno, el individualismo, dos, la primacía de la razón instrumental que aspira a mejorar la productividad en todo momento, y tres, la dictadura blanda paternalista de las burocracias. Pues bien, el noruego Mads Larsen propone una solución para el problema demográfico que ahonda aún más en estos tres males.

A continuación podemos leer la entrevista que el periódico el confidencial hace a Mads Larsen.

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"¿De España, eh? ¿Cuál es vuestra tasa de fecundidad, 1,1 hijos por mujer, verdad? Eso quiere decir que dentro de tres generaciones tendréis un 85% menos de personas. Os estáis suicidando".

A Mads Larsen, psicólogo de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, le preocupa mucho la natalidad. No tiene duda: o hacemos algo o el apocalipsis demográfico acecha a la vuelta de la esquina. Su último trabajo, coescrito con Leif Edward Ottesen Kennair y Maryanne L. Fisher y publicado en Politics and the Life Sciences, de Cambridge University Press, lleva menos de una semana publicado y ya ha llegado al debate público de países como España. Sabe que su propuesta es provocadora, impopular y controvertida. Le da igual, porque cuenta con un argumento de peso de su lado: ninguna de las medidas para fomentar la natalidad que se han implementado durante las últimas décadas ha funcionado y, aun así, los políticos siguen creyendo en ellas. Tal vez sea momento de poner sobre la mesa un plan de choque. Aquí entra la propuesta de Larsen y sus colegas: la reproducción individualista. La lógica es la siguiente. El problema al que se enfrentan las sociedades occidentales no es solo que las parejas no puedan o no quieran tener hijos sino que, simplemente, no hay suficientes parejas. Aquí es donde queda claro que el noruego viene de la escuela evolucionista: “Ahora las mujeres son libres para elegir la pareja que quieren, son económicamente independientes y tienen acceso a anticonceptivos eficientes, así que no van a hacer lo que se les obligó a hacer durante los últimos 800 años, que es distribuirse de forma equitativa entre los hombres”, explica a El Confidencial a través de videollamada. "El Estado garantizaría recursos a las mujeres para que tengan hijos ellas solas" Malas noticias para los hombres: la mayoría de ellos, como se ha recordado con frecuencia durante los últimos años, se van a quedar solteros. La propuesta de Larsen pasa por olvidarse de la pareja heterosexual como el único modelo reproductivo posible y que el Estado invierta una gran cantidad de recursos en las mujeres que quieran ser madres. De ahí lo de “individualista”. Ya decidirán ellas si quieren ser madres solteras, si quieren tener una pareja (o muchas), pero la única forma de darle la vuelta al apocalipsis demográfico es subvencionar la maternidad sin padre de por medio. “Si queremos incrementar la fertilidad, tenemos que desarrollar una nueva forma de asistencia social que consiga que las mujeres se sientan lo suficientemente seguras para ser madres por su cuenta, aunque no tengan pareja o aunque estén en una relación inestable que tal vez no dure”, explica. “En esta sociedad, el Estado ofrece a las mujeres los recursos económicos y sociales necesarios para que consideren que tener hijos ellas solas les garantiza una vida mejor que estar soltera y sin hijos”.


Vale: pero, ¿qué es una vida mejor? “Eso es cosa suya”, prosigue. “Tienen que ser ellas quienes decidan si quieren trabajar a tiempo completo, a tiempo parcial o no trabajar mientras crían a sus hijos”. La gran pregunta es qué clase de incentivos e inversiones serían necesarios para alcanzar ese escenario que, según los cálculos del psicólogo, pueden llegar a ponerse en marcha alrededor de 2040. No es solo apoyo económico, sino también la creación de entornos donde estas mujeres pudiesen acceder 24 horas a guarderías o convivir con otras madres (y padres) solteros.
'El cuento de la criada' a la inversa.
La propuesta de Larsen es una particular mezcla de evolucionismo, feminismo y keynesianismo natalista que probablemente resulte difícil de entender fuera del mundo escandinavo. Tiene claro que volver a ese modelo tradicional de familia que suele proponer la extrema derecha no es posible ni deseable. “Noruega no se va a convertir en El cuento de la criada”, asegura. “Pero también sé que si no hacemos nada, todos los países con mujeres emancipadas desaparecerán tarde o temprano, y eso significará que el proyecto feminista ha fracasado”. "Los hombres sufrirán. Se les marginará. Probablemente se radicalicen políticamente" Su propuesta es la opuesta a la novela de Margaret Atwood: las mujeres no son esclavas sino que dispondrían de los suficientes recursos para vivir su maternidad según decidiesen.

Otra duda razonable: ¿eso no las convertiría de alguna forma en dependientes de las decisiones de los partidos políticos, que tal vez en un momento dado podrían retirar su apoyo a estos programas? Larsen recuerda que en Noruega ya ocurre algo parecido, y nadie se plantea cambiarlo. “En Noruega, los hombres aportan más al Estado de bienestar de lo que reciben, mientras que las mujeres reciben 1,2 millones de dólares más de lo que pagan”, explica. “Así que los estados del bienestar nórdicos ya están orientados a ayudar a las mujeres para que puedan tener una buena vida e hijos”.
Un escenario distópico
El título del trabajo publicado hace unos días no toma prisioneros: Hacia la reproducción individualista: resolver la crisis de fertilidad podría requerir una mayor marginación de los hombres. El propio Larsen no duda en pronunciar en voz alta la palabra “distópico” cuando se le pide que describa cómo sería una sociedad donde el mayor número de mujeres optasen por esta reproducción individualista. Sobre todo, en lo que concierne a los hombres.

“Cada vez más varones de un menor valor están siendo excluidos de la vida en pareja”, recuerda el psicólogo evolucionista. “Se les está excluyendo de la intimidad, del amor, de la paternidad, de la vida en familia, y esto incrementaría esta marginación masculina, lo que sería una de las externalidades negativas”. ¿Qué hacemos con ellos, entonces? Larsen piensa durante unos segundos antes de afirmar tajantemente: “Sufrirán. Se les marginará. Probablemente se radicalicen aún más políticamente. Es un problema importante”. En su propuesta, no todo el mundo saldrá bien parado. Pero la alternativa es la extinción. El problema es que incluso sin esta reproducción individualista, muchos hombres ya están excluidos. No cambiaría nada, tan solo aceleraría esos cambios. “Los hombres ya están pagando el coste por la existencia de mujeres libres”, recuerda. “Los hombres en lo bajo de la jerarquía ya no son lo suficientemente buenos para ellas. La alternativa no puede ser que estas mujeres empiecen a emparejarse con hombres de un menor valor como parejas”. "Las mujeres pueden elegir, no van a 'redistribuirse' entre los hombres porque sí" Aquí conviene realizar una pequeña síntesis histórica que Larsen y sus colegas detallan en profundidad en su trabajo. Durante siglos, fórmulas como los matrimonios concertados tenían como objetivo forzar un reparto más o menos equitativo de mujeres entre la población masculina. El sistema monógamo que durante siglos ha estado vigente era una forma de conseguir que a cada varón le correspondiese, al menos, una esposa, y que eso garantizase tasas elevadas de reproducción. La emancipación de la mujer, el principal factor que explica el descenso de la natalidad de las últimas décadas, ha provocado que eso no solo no sea posible, sino que ya no haya vuelta atrás. “Ahora que las mujeres pueden elegir y no necesitan a los hombres para ser madres y pueden mantener relaciones sexuales sin quedarse embarazadas, no van a ‘distribuirse’ voluntariamente entre los hombres, la psicología femenina no funciona así”, recuerda. En Noruega, alrededor de la mitad de mujeres en edad fértil (entre 20 y 34 años) no tienen pareja. ¿No es posible que ellos también se beneficien de esta reproducción individualista? Aquí es donde Larsen empieza a sonar utópico, incluso cyberpunk. Quizá para 2040 podamos disponer de niñeras robóticas o vientres artificiales que permitan que los hombres también puedan ser padres solteros, lo que garantizaría que tuviesen las mismas oportunidades reproductivas.

El psicólogo lo tiene claro: poco a poco vamos a ver cómo distintos experimentos plantean soluciones semejantes. Pero ¿qué clase de experimento podría llevarse a cabo con la reproducción individualista? ¿Cómo se llevaría a cabo? “Proponemos construir un complejo de apartamentos optimizados para las necesidades de las madres solteras y sus hijos”, detalla. “Habría algún tipo de proceso de admisión para aquellos que quisieran ser padres solos. También podrían ser hombres, que por supuesto es mucho más difícil porque no tienen útero”, detalla. “Veríamos qué tipo de recursos necesitan, cómo las afecta, cómo afecta a sus relaciones y a los nacimientos, y obtendríamos información para que dentro de década y media tuviésemos un modelo que motive a las suficientes mujeres para hacerlo”.
Si algo no funciona, no hagas lo mismo otra vez
¿Cuál ha sido la reacción al paper? ¿Qué respuestas suele recibir Larsen cuando expone sus propuestas? “Oh, todo el mundo se opone. Pero es bastante común cuando trabajas sobre temas de natalidad”. "Como la derecha se preocupa por la natalidad, hacerlo te convierte en un fascista" El psicólogo expone los razonamientos que suele recibir en estos casos. El primero es negar que la baja natalidad sea un problema: “Si hay menos gente, asumimos que es bueno para el medio ambiente”. Además, la natalidad sigue siendo elevada en África. “Si los europeos desaparecen, no es un problema porque aún habrá nacimientos en África”. El segundo es que “solo la gente de derecha se preocupa por la natalidad, así que hacerlo te convierte casi en un fascista”. El tercero, ser acusado de racista porque da igual mientras siga habiendo africanos. “Y ahora, con esta propuesta la respuesta habitual es que los niños necesitan dos padres, así que facilitar la paternidad en solitario sería malo para los niños”, explica. “Todas esas preocupaciones son comprensibles, pero nos estamos asomando al abismo y nada de lo que hemos probado por ahora está funcionando”. Así que prefiere seguir la máxima de “si haces algo una y otra vez y no funciona, haz algo diferente”.

¿Ha hablado con alguno de los políticos de su país? “Sí”. ¿Alguno de ellos está interesado en lo que propone? “No, por ahora no”. Un comité noruego acaba de terminar su trabajo para abordar la caída de la natalidad, explica, y es el momento de que los políticos tomen decisiones. Lo que se ha encontrado Larsen por el momento es un cierto negacionismo a la hora de entender este descenso de natalidad como un problema. “He hablado con ellos personalmente y saben lo que significan estos números, pero no quieren hablar en público de la envergadura de este problema porque tienen miedo de que afecte negativamente a las libertades de las mujeres y que se produzca una reacción antifeminista”, prosigue. Además, añade, sus propuestas son “ridículas”. Pequeños cambios que no llevan a ningún sitio: “Que si las mujeres embarazadas deberían tener facilidades para ir al médico, que si deberíamos darle 200 dólares más cada mes a las veinteañeras que están estudiando, propuestas microscópicas que no van a disparar nuestros datos de natalidad”, prosigue. “Si no hacemos algo, sé con certeza matemática que nos extinguiremos, así que es hora de empezar a hacer pruebas con medidas políticas que puedan tener un efecto positivo”. "Si todos los países empiezan a probar soluciones, alguno encontrará alguna solución" Es su mensaje final hacia las autoridades españolas, uno de los países donde más rápido ha descendido la natalidad. Ya que se trata de un tema muy idiosincrático –como recuerda Larsen, Israel es una excepción imposible de imitar–, cada país puede llegar a sus propias soluciones. “Animaría a que España discutiese en serio sobre este tema”, concluye. “Tenéis vuestro propio legado cultural, no podéis copiar soluciones de los demás: si todos los países empiezan a realizar distintos experimentos, puede ser que alguno se tope con algo que funcione”.

Webgrafía:

https://www.elconfidencial.com/mundo/europa/2026-04-29/mads-larsen-natalidad-reproduccion-individualista_4346625/

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